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Mi primer bandera azul

Vacacionar o viajar a alguna playa siempre lo he considerado todo un dilema, el clima y las multitudes pueden ser un factor determinante en el momento de poder disfrutar el lugar.

A veces pareciera que en el mundo las playas más bonitas son sólo las más populares, sin embargo, alejarnos de los clichés y estereotipos puede traernos sorpresas increíbles.

Existe una playa en Los Cabos llamada “El Chileno”, digna de convertirse en la favorita de cualquiera: niños, adultos, ancianos, amantes de los deportes extremos, de los que gustan de la relajación, etc.

La bandera azul o Blue Flag es un reconocimiento que otorga la Fundación Europea de Educación Ambiental a playas y puertos que cuenten con ciertas condiciones entre las que destacan:

  • Accesibilidad para discapacitados como son rampas y sillas de ruedas especiales para sumergirse en arena y mar.
  • Agua limpia libre de residuos, en esta playa es muy común realizar esnórquel y buceo por la claridad del agua y abundancia de fauna marina por los corales que se encuentran bastante cerca de la playa.
  • Libre de comercio ambulante, y aunque para muchos podría ser un punto en contra, la libertad de llegar a una playa donde puedes llevar los alimentos tal y como te gustan y hacer picnic en la playa en sus respectivas palapas ya instaladas merece la pena.
  • Libre de basura, eso significa que cada uno de los recipientes y desechos que lleves ahí y deseches, tendrá que ser colocado en su respectivo bote de basura; orgánico o inorgánico.
  • Baños limpios y regaderas gratis.
  • Servicios médicos.

Este tipo de playas le regalan al visitante una experiencia distinta a la común, nos hace darnos cuenta que existen varias formas de diversión en las que disfrutemos la playa en sí y no las actividades creadas por el hombre en la que siempre hay cierto pago monetario de por medio, nos regala experiencias sensoriales y vínculos con el lugar, así como espectaculares paisajes.

“El Chileno” se encuentra en el km 14.5 del corredor turístico entre San José del Cabo y Cabo San Lucas.

Recomendaciones: llevar equipo de esnórquel para los que gusten de esa actividad, mantas y toallas para sentarse en la arena, así como comida suficiente y de su preferencia para el tiempo que pasen ahí.

Recomendaciones extra: respetar las instrucciones dadas como levantar su basura y no llevar mascotas.

Respetemos y cuidemos de estos sitios que se preocupan por mantener un ecosistema limpio y sano, así como por la diversión y disfrute de las personas, apoyemos estos proyectos promoviéndolos no sólo para que más personas los disfruten, también para hacer consciencia y poder hacer de la bandera azul un común de las playas turísticas.

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Corazón de jade

El departamento estaba en un tercer piso, había una amplia ventana desde la que podías ver las ramas de dos árboles con hojas pintadas de otoño. Entre las ramas, camuflado con el tronco estaba un búho, que impávido miraba, acompañaba, escuchaba y guiaba. La sala tenía pocas piezas, había un sofá de color rojo que hacía juego con el sillón individual y un librero. Él estaba sentado en el sillón, al lado de la ventana, que se mantenía abierta. Tenía puesta una chamarra negra, su preferida. Se levantó al verme, y trató de avanzar hacia mí, su mirada sorprendida dudaba de todo alrededor.

Dije,  ̶  Hola cariño, ¿cómo estás? ̶   Y nos sentamos a platicar…

̶  Te vieron en la estación del metro pantitlán, la semana después de la quimioterapia, me extrañe cuando me contaron, los dejé continuar sin aclarar fechas ni tiempos, desde entonces comencé a buscarte. Dos semanas después fui a la escuela dónde trabajabas, estuve en tu oficina y saqué los papeles de tu escritorio, dejé los exámenes de tus alumnos. Libros, apuntes, todo estaba en un pequeño desorden. Al salir con la caja de cartón que guardaba tus cosas, un alumno reconoció la taza de café que sobresalía entre todo y me detuvo. Me contó que eran varios los que en esos días habían visto tu silueta en las escaleras, entrando algún salón, caminando en los pasillos, sin detenerte nunca y desapareciendo cuando intentaban alcanzarte.

Él me escuchaba sin entender bien de lo que hablaba. Así que intenté aclarar un punto de partida para nuestra conversación, entonces dije,

 ̶  Pues bien, primero deberíamos estar claros en que estás muerto, llevas tres meses muerto. Bien muerto. ̶

Me miró con una media sonrisa, incrédulo, como si le estuviera haciendo una broma de mal gusto, seguí en mi explicación:

̶  Estamos aquí porque hoy hay un permiso especial para hacer contacto. Hice todo para mandarte la invitación a tiempo, y que en esta fecha pudiera yo encontrarte. He puesto copal y veladoras para guiarte en el camino con su olor y su luz. Hemos molido los granos del café para dejar la cocina impregnada con su aroma y que pudieras reconocer la casa. Llené los floreros con cempasúchil, la flor de los veinte pétalos, también puse nube y moco de guajolote, el agua está puesta para que alivies tu cansancio y la sal de grano dispuesta especialmente para ti porque moriste sin ser bautizado por religión alguna y sin fe el estadío de la muerte puede ser eterno. ̶

En ese momento, el búho extendió sus enormes alas y de un salto atravesó la ventana posándose en medio de la sala para transformarse ahí en una vieja de larguísimos cabellos grises. Era la abuela Hortensia, la más vieja de la familia materna, la que curaba con plantas y maldecía en náhuatl. Todos sabían que era bruja, chamana que guardaba con recelo las tradiciones más antiguas de nuestra familia. Esa que no murió, un día así nomás desapareció. Nos visitaba en sueños convertida siempre en ese tecolote de plumas color pardo que se confundían fácilmente con los troncos, o la tierra o las sombras. Ella era ahora, el mensajero de Mictlán, se incorporó a nuestra plática y comenzó a explicar:

̶ Tenemos poco tiempo, la noche avanza y al amanecer has de comenzar un largo camino, le dijo al muerto, el mundo tiene 13 cielos, en medio la tierra en la que nacimos y abajo nueve inframundos por recorrer para alcanzar el descanso eterno.  ̶

̶  Tú estás muerto, ̶  dijo mientras lo señalaba  ̶   llevas meses deambulando en la tierra como ánima en pena, como sólo crees en lo que tus ojos ven, tu conciencia ha logrado que algunos vivos te vean o creen que te miran, porque ya no estás. Tu cuerpo ha sido incinerado a las pocas horas de morir y el alma se quedó sin un camino. Esa misma tarde aparecí en forma de tecolote y todo este tiempo he intentado guiarte por el camino que tu alma debe seguir hasta hoy, que es un día especial  ̶   tomó un sorbo del café olla y luego continuó…

̶  Comienza tu camino, no te quedes quieto, no te detengas, el infierno está lleno de sabandijas, gusanos y arañas. Siempre avanza. Caminarás por el inframundo y debes conocer qué es lo que te espera. En el primer nivel del inframundo vas a encontrar un río caudaloso que debes atravesar, será mejor que en la orilla mandes llamar a Vago, el perrito de color bermejo que tenías cuando eras un niño, seguro acudirá a tu llamado, como siempre hizo mientras estuvo vivo. Después del río bajarás hasta dónde dos montañas se juntan, pondremos en la ofrenda papel amate, que representa el viento para que tu alma pueda pasar entre ellas; encontrarás después una montaña de piedra negra y fría que hará sentir a tu alma inmensamente sola, lleva alguna de las fotografías de la familia y las imágenes de los Dioses que cuidan de ella, y continúa hacia el cuarto nivel del inframundo en el que sentirás el viento de obsidiana, duro, filoso, inconmovible, que deberás resistir, porque sólo las almas de los muertos pueden soportar. En el quinto nivel del inframundo encontrarás banderas ondeando cuyo significado evoca las batallas enfrentadas en vida las personales, las de la familia, las del pueblo que llevamos enraizadas en las entrañas; su propósito es derrumbar el espíritu con una inmensa melancolía de los tiempos que no volverán, no te dejes vencer y continúa, hasta el séptimo infierno en el que tu memoria evocará el dolor de las flechas atravesando la carne, y el alma sentirá un dolor punzante, profundo e hiriente con que se representa la muerte misma. Sigue hasta la octava llanura, dónde están las fieras que comen corazones, lleva guardada en tu boca una piedra de jade para que pueda ser entregada en ofrenda y que puedas conservar tu corazón, cuando llegues a la novena meseta, te encontrarás en Chignahumictlán, y entonces, sólo entonces tu alma podrá descansar. No sentirás el tiempo pasar, aquí en la tierra habrán de correr cuatro años, podrás contarlos porque cada vez que uno año pase, justo en un día como hoy, los portales entre el mundo de los vivos y los muertos se abren y nos permiten enviarte los regalos que en este viaje haz de necesitar, toma todo lo que ella encuentres, en tu camino, cada elemento tendrá sentido, lleva el fuego de las velas para que te sirvan de cobijo frente al frío de la soledad y siempre iluminen tu camino, el agua suficiente para calmar la sed del espíritu, guarda el aserrín pintado y las semillas de frijol, arroz, maíz y cacao que representan la tierra y sus bondades, la piedra de jade que representa tu corazón, el papel mate en representación del viento, los pétalos de las flores para que recuerdes el camino, las calaveras y los huesos. ̶

Dicho esto, la vieja se transformó de nuevo en tecolote y fue a pararse en el hombro de mi muerto.

Entonces, con la mirada más amorosa que tuve para él, me despedí diciendo:

̶  Esto que te ha contado el tecolote es el proceso para morir. El ave será tu guía, comienza tu camino, sal de ese estadío, la tierra ya no es lugar para ti. La muerte es trascender. He puesto en la piedra de jade mi gusto por la muerte, mi amor por las flores, y una foto para que no me olvides. Déjame ahora ponerla en tu boca y dejarte partir. ̶