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La elegancia del Erizo

Reseña de “La elegancia del Erizo”

Me gustan los regalos, ¿a quién no?, y además, ¡que te regalen un libro!! Está buenísimo. ☺

El libro tiene buen ritmo, se divide en 3 partes, (aunque para mí, los libros tienen siempre dos, la primera mitad y la segunda mitad). Y así se los cuento:

Para la primera parte me parecía un libro del tipo “aleccionador”, sutilmente pretencioso, muy adecuado para una historia parisina y clasista, lleno de estereotipos; los ricos, los pobres; los inteligentes, los tontos; los cultos, los incultos. Sin embargo, (así como el erizo), resulta que no es lo que parece. La segunda parte del libro entreteje la historia de Renee, una mujer de 54 años de edad, portera del número 7 de la calle de Granelle, y de Paloma, una niña de 12 años que discurre entre observar los movimientos del mundo y encontrar ideas profundas para compartir.

Así que leer “la elegancia del erizo” es, en su primera parte, como subir las escaleras rectas e incómodas de una altísima (y divertida) resbaladilla de caracol, para la segunda parte sólo queda deslizarse hacia el final.

Habría que advertir que se pierde algo en la traducción al castellano y que ciertamente el sentido del humor francés es distinto del nuestro, (y cuando digo “nuestro” me estoy refiriendo al de México, aunque tal vez ni eso, cuando pienso que Santiago siempre dice que el mío es un “sentido del humor muy solitario”). El caso es que el libro me ha conmovido y he tenido que salir a caminar después de terminar su lectura.

La novela es perfecta de principio a fin. Llena de referencias artísticas, filosóficas y musicales. La felicidad, la belleza, lo efímero y lo eterno se conjuntan para hacer una propuesta sobre la fórmula de la vida, la razón de la muerte y el dolor como el gran maestro de las lecciones que nos transforman.

Aunque no fui completamente feliz con la traducción y la parte del libro que tiene una tendencia aleccionadora, la sencillez de los personajes lo vale todo. Hay que esperar a que el libro se apacigüe dentro de uno. Calmar la sensación de inoportuno, perturbador y estremecedor, o ¿seré yo que con los años me he puesto más chillona?, o ¿será que conecta con los anhelos, lo sublime de la belleza, la literatura, la gramática, la pintura, la música?, o ¿será el argumento estremecedor de que nos dirigimos a nuestro destino sin ninguna posibilidad de eludirlo? Y es que a veces, liberarte, sanar, ser valiente no basta.

Si este libro fuera parte de un menú sería un té de jazmín, o un sashimi con sake, una comida japonesa que disfrutas con tu mejor amiga en una tarde como la de los días que no sabes de qué va, porque comienzan con lluvia y luego hay sol. (O al revés).

 

Datos Bibliográficos

“La elegancia del erizo”

Muriel Barbery

Seix Barral Biblioteca Formentor

Título original en francés “L´èlègance du hèrisson”

2008, Editorial Planeta Mexicana, S.A  de C.V.

Primera edición impresa en México: noviembre de 2008

ISBN: 978-607-7-00033-4

Impreso en México, D.F.

367, páginas

Momo

Reseña de “Momo”

Momo, ¡vaya título!… esas 4 letras (y unas cuantas más del nombre del autor), no te adelanta nada sobre la historia que contiene este libro publicado en 1973. Al girar el libro, en su contraportada se describe un contexto de una historia “normal”, no parece nada del otro mundo. La sorpresa que guarda este libro es la veracidad de sus palabras colocadas en un ambiente ficticio pero que de alguna forma es tan acorde a la realidad.

El libro se divide en 3 partes, en el inicio presenta a nuestra protagonista, una pequeña de nombre Momo, y a los demás personajes humanos, el autor nos cuenta cómo viven en la ciudad. La segunda parte hace oficial el nombre de nuestros antagonistas: “los hombres grises”, esas personas que nos van robando sin que nos demos cuenta, casi como un banco. En la tercera parte nos muestra la solución a todos los problemas de Momo y sus amigos, a través del desarrollo de todos estos temas de la vida cotidiana, como aprender a ser felices, la insatisfacción que ocurre cuando se llega a cierto punto de nuestras vidas en el que esperábamos tener resuelta la vida, haber cumplido con la expectativa, y sin embargo esto no ocurre en realidad; todo enlazado con la idea del tiempo, que es el concepto principal en esta historia.

Momo es un libro que se encuentra en los catálogos de literatura infantil, como un cuento clásico, sin embargo creo que es un libro que no tiene restricción de edad, todos deberían leer la historia de Momo, los niños y los adultos, se puede por la ágil narrativa que nos ofrece Michael Ende aunque incluye un mensaje tan grande y que confirma que todas esas divagaciones que pensamos cuando estamos sin nada que hacer, tienen algo de verdad,  que no somos los únicos en preocuparse o cometer errores banales, que siempre, siempre, siempre hay que disfrutar el tiempo que tenemos y a aquellos con los que lo compartimos.

Datos Bibliográficos

Título: “Momo”
Autor: Michael Ende
Editorial: ALFAGUARA
ISBN: 978-607-313-560-3
Impreso en México
Total de Páginas: 320

2016

2016

 

Me preguntaron que me trajo el 2016, y lo primero que me vino a la  mente fue todo lo que perdí en el 2015. Perdí a mi madre. Se me fue de entre las manos con un cáncer avasallador y no lo quise ver. Ni siquiera el mismo día de su muerte, me volví ciega por mi propia voluntad. No vi su dolor, ni su fatiga, ni su falta de apetito o de ganas de vivir.

Perdí a mi pareja. Me cansé de luchar por conservarlo.  Remitió mi  ceguera.  Ahora sí pude ver mi dolor,  mi fatiga,  mi falta de alegría y de ganas de tenerlo a mi lado. Se fue y yo lo deje ir.

Inicié el año con las manos, el corazón y la casa vacíos. Sin rumbo, sin oficio ni beneficio, sin ganas de vivir. Fue ahí, en ese desierto de desolación y oscuridad que empezó mi camino por el 2016. Fui dando pasos, a veces avanzando, a veces retrocediendo.  El miedo, el enojo, el dolor y la negación eran mi equipaje. Lo probé todo, la lógica, libros, terapia, yoga, meditación, ejercicio. Nada podía contra ese vacío interno que como hoyo negro iba devorando hasta la última chispa de luz en mi interior. Y fue entonces que me metí de lleno en el universo femenino, ese de cafés y desayunos, de tardes de compras, de compartir recetas y tarde que temprano confidencias ¡Aprendí tantas cosas!

Que el amor es gratis, que no necesitas esforzarte para ser amado. Lo eres porque sí, o no lo eres, no importa lo que hagas.

Que los errores son la maravillosa manera de la vida de hacerte cambiar de camino, de mirar hacia otros lados, de crecer y aprender.

Que el dolor se acaba y en su lugar pueden quedar cosas tan valiosas como recuerdos, perdones y nuevas alianzas.

Que siempre hay gente hermosa a tu alrededor lista para tenderte la mano, sólo tienes que levantar la mirada.

Que mi vida me pertenece, al igual que mi alegría o mi tristeza y por lo tanto es mi responsabilidad.

Que el amor y la amabilidad empiezan por uno mismo. Quiérete mucho, perdónate todo y sobre todo, aprende la lección.

Que las mujeres somos hermosas, fuente de amor y fuerza inagotable, somos hermanas todas y cada una. Somos la misma.

Eso me trajo el 2016, sabiduría femenina. No me queda más que dar gracias infinitas a mi madre, por no ser perfecta, a mi hermana y mi hija que me han enseñado montones, a mi tía que me cobija con su amor y a todas mis amigas que con su cariño y carrilla me han ayudado a recuperar lo que nunca debí haber perdido, mi identidad.

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LA LUNA NUEVA DE CÁNCER

La era de la conectividad tiene sus ventajas. Personalmente me encanta sentirme a un clic de todo, leyendo todo el tiempo. En la calle, en la casa, en el transporte, en el baño, podemos recibir llamadas, mensajes, ubicaciones, noticias y todo lo que necesitamos o no. Lo poco común es recibir una advertencia en lugar de un meme en uno de tus chats de whatsapp, y es menos común cuando es de este tipo: “Chavas, ayer fui a una plática de la luna nueva en cáncer y les cuento cómo se ve venir este mes: cambios emocionales, hay que prepararse para las tres semanas más negativas del año, que vienen por ahí del 27 de julio al 17 de agosto, la energía de cáncer nos invita a separarnos, a buscar nuestro propio bien, así que podemos tender al egoísmo, la envidia y los celos.” Me limité a contestar que a mí se me había adelantado la maldición esa de cáncer, y que estaba viviendo el caos de la semana de capacitación en mi nuevo trabajo. Lo hice para ser cortés porque a diferencia de mi amiga profeta de los planetas y satélites, yo no creo en esas cosas. Por algo dejé de ir a la kabbalah, no sin antes decirle a mi tutora lo que pensaba de su centro, donde no se permitía hacer preguntas en clase porque nosotros teníamos que encontrar la respuesta solos, y si teníamos demasiada información podíamos hacer “corto circuito” ¿No era más fácil generar un verdadero interés para que nos inscribiéramos a kabbalah 2, en lugar de prohibir preguntar? En fin, los planetas y yo, nada que ver, están tan lejos que prefiero concentrarme en otras cosas, además ¿celos yo? Soy la persona más equilibrada que conozco, mi novio tiene una mejor amiga desde hace diez años (dos años más de los que llevamos de relación), con ella sale a tomar cerveza, va a conciertos que a mí no me interesan, la invita a la casa, y  sí, a veces es un mal tercio, pero creo que ella no lo nota, y yo no me pongo loca porque respeto la individualidad, tengo ideas firmes sobre la importancia de la amistad, la identidad, los círculos y la vida propia, así que no me afecta, aunque todos a mi alrededor me hagan advertencias todo el tiempo, diciendo que es demasiado, que tendría que poner a esa mujer a raya y que soy demasiado permisiva con esa amistad. No señores, simplemente así somos las personas que tienen los pies en la tierra y no la cabeza en los planetas. A mí me gusta la filosofía, el análisis, el diálogo, no las inseguridades.

En fin, después de esa breve y profunda reflexión decidí dedicarle unos minutos al ocio facebookero. Era jueves por la noche y él había salido, no con su mejor amiga sino con nuevos amigos del trabajo a festejar el triunfo de la selección francesa. Como el futbol y yo, somos tan lejanos como esos planetas que pretenden afectarnos, siempre prefiero quedarme en casa haciendo mis cosas, fomentando el respeto al espacio y las aficiones de los individuos que forman la pareja. Iba a tomar mi laptop pero la verdad es muy lenta, así que aprovechando la ausencia, tomé la de mi novio. WWW.FACEBOOK.COM y su sesión estaba abierta. Me sé la contraseña, pero creo que una sesión abierta en la pantalla de una computadora puede con cualquiera, o al menos pudo conmigo. Empecé a revisar los inbox y encontré una plática con la mejor amiga, había memes, cosas banales y de pronto un link que llevaba a un cartelito que decía “Odio la maldita distancia que nos separa y no poder estar todas las noches a tu lado”, al cual le seguía uno que decía “Quisiera poder traspasar la pantalla y poder besarte, y así abrazarte y decirte que te amo”…entonces sentí como todos mis demonios se desataron, y empezaron a usar mi cerebro para planear venganzas, las desapariciones forzadas de ambos, quería hacer una escena y aventar toda la ropa de Roberto por la ventana, ir a casa de su amiga y arrastrarla de los cabellos por toda la cuadra. Me sentía burlada, traicionada, colérica, ¡cuántas veces me lo habían advertido! y yo, inmersa en ese estúpido discurso de la confianza en uno mismo y en los otros, simplemente no lo vi. Me la pasaba defendiéndolos, hablando de la amistad hombre-mujer, de la amistad en sí, de la importancia del respeto a los afectos de los otros, y resultaba que a mí no me respetaba nadie, que me habían visto la cara, ¡que era cierto! No había que confiar, había que poner límites, ser territoriales, posesivos, agresivos. No tenía que ser abierta, tenía que haberla puesto a raya. Pintar rayas,  todas las que fueran posibles, rayas que dijeran “hasta aquí tus afectos, propiedad privada”, fronteras con púas, campos minados, donde el que se acerque salga volando. Pensaba en todas las medidas que pude haber implementado, todas esas herramientas de novia celosa y berrinchuda que mis amigas me habían recomendado; las llamé inseguras, y ahora lo veía claro, eran mensajes de sabiduría milenaria lo que había rechazado, ¿Cuándo se había visto que una mujer confiara en otra? ¡Nunca! ¡Era obvio! Sólo a mí se me ocurría esa patraña de la confianza, y ¿cómo había resultado? ¡Me habían traicionado! Pero ¿desde cuándo? ¿Meses? ¿Años? ¿Acaso me parecía a la patética protagonista del libro la mujer rota? La tonta a la que el marido lleva engañando ocho años, la pobre a la que compadecía la semana pasaba mientras daba vuelta a las páginas. No…no me parecía… ¡era yo! ¡Así de tonta! ¡Así de patética!

No resistí, le marqué a mi novio y le dije lo que había encontrado, él, con unas copas encima y arrastrando las palabras decía no entender de qué hablaba, me enojé tanto que le dije “si tú no te acuerdas, tal vez ella sí se acuerde”, clic, clic, clic, conectividad, llamada tripartita para enfrentar la realidad, para tomarlos por sorpresa para que no se pusieran de acuerdo con una coartada…Contestó la amiga, con voz soñolienta, escuchó mis reclamos, di lectura a las frases de los cartelitos, decía tampoco entender nada y reventé, clic, clic, clic, screenshot de los cartelitos, enviar en el grupo de whatsapp, y entonces ella se acordó y dijo “¿Recuerdan a Viggo, el chico de Finlandia que conocí por tinder?”…y entonces yo me acordé. Ella se había ido a Chipre por trabajo y a su regreso Viggo había dejado de mostrar interés, lo stalkeamos y vimos en su muro de facebook ese link sobre el amor a distancia… dedujimos que alguien más había entrado en acción, separando a Karina del guapo extranjero que parecía finalmente ser el bueno para una relación seria. Me quedé muda, pero del otro lado dieron respuesta, Clic, clic, clic y la amiga mandó screenshot de ese mismo link, con esos mismos cartelitos en el muro de Viggo. Los demonios dejaron de atormentar a mi cerebro por un minuto, y él aprovechó para sacar todo el expediente de la historia de Viggo; era cierto, ahí estaba todo, ¿cómo se me había olvidado?

Mi novio le dio las gracias a su amiga por la evidencia y le ofreció una disculpa por haberla despertado en medio de la noche por una confusión, ella con la tranquilidad de haber probado su inocencia se despidió  con un “No se preocupen, bye”. Estábamos sólo él y yo en la línea, me dijo que hablaríamos cuando llegara a casa, pero que debía pensar en la escena que hice por no haberle dado dos minutos para hacer memoria. Colgó y me quedé sola, con el ego y la seguridad de mujer intelectual burlados por esos demonios que se reían de mí tras haber escapado en el mejor momento. Mi cerebro preguntaba “¿qué te pasó?”, y a mí sólo se me ocurría una respuesta lógica: soy escorpión, el más celoso y posesivo del zodiaco, signo de agua particularmente sensible a la actividad de los planetas y satélites, y hoy entró la luna de cáncer, era obvio que algo así pasaría.

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El amor y mis locas interpretaciones

¿Cuándo fue la última vez que te sentiste amado sólo por el hecho de existir?

Recuerdo que de niña cuando cursaba preescolar, me gané una “abejita trabajadora” en mis trabajos de la escuela, en lugar de los divertidos periquitos que hacían parecer mi libreta como jungla brasileña. Mi mamá me festejó con un gran beso y le contó a mi papá, él también me plantó un beso en mi pequeño cachetito con esa gran bocaza suya.

También recuerdo que, cuando no obedecía o hacía alguna travesura, me hacía acreedora a tremendos manazos para evitar que volviera a repetir la hazaña. Como la vez que debido a esos insaciables deseos de explorar el mundo decidí abrir el radio portátil de mi madre, estando encendido, para ver cómo las personitas que estaban encerradas ahí cantaban sin parar.  Creo que la suma de esos acontecimientos me llevó a hacer mis locas interpretaciones de cómo obtener amor:  haciendo bien las cosas. Pero, si siempre quiero ser amada ¿cómo es posible hacer siempre bien las cosas? Aaaaah! pues ahí les va el secreto de la metodología que consideré infalible: ¡Busca controlarlo todo, incluyendo a las personas, por supuesto! Busca que hagan, a como dé lugar, lo que tú consideras correcto, para que todo salga de maravilla y seas apreciada y amada por el mundo entero.

¡Vaya forma de sabotearme por más de 30 años! En mi búsqueda de ser amada y apreciada por todos me perdí en un pantano emocional en el que, mientras más me movía para salir de ahí, más me hundía.

Mi estrategia predilecta para tratar de controlarlo todo era hacer uso de la violencia, desde usar un tono coercitivo, hasta imponer mi voluntad cada que me era posible. Después de todo, si te sentías agredido por mí, lo lógico es que dejarías de hacer lo que provocaba mi ira ¿no es así? Pero como esta estrategia no funcionaba, y la lógica es lógica, entonces el problema radicaba en la intensidad, así la violencia creció y creció y creció…

Llegado el punto en el que la violencia no funcionaba, la siguiente estrategia era jugar el juego de la salvadora. Sí, esa que solía decir: “a pesar de tus deslealtades estoy dispuesta a apoyarte en lo que necesites a cada momento”. Y cuando esta estrategia tampoco te incentivaba a hacer lo que yo creía era mejor (inclusive para ti), entonces aparecía la víctima, quien lloraba secretamente por los rincones quejándose amargamente de cómo en incontables ocasiones había salvado a aquellas malagradecidas personas por las cuales me había sacrificado hasta el punto de olvidarme de mi misma.

¿Puedes darte cuenta de mi juego?  Si me amas harás lo que yo creo que es mejor para ti y me amarás aún más por eso.

Si te has sentido identificada con algo de lo que he vivido, realmente no es una sorpresa, hemos crecido en una cultura donde el error es castigado con desamor, desacreditación y desvalorización; pero está en cada una de nosotras darnos cuenta de todo lo que hacemos y que nos aleja de todo propósito para ser felices, para hacernos cargo de desaprender y reaprender.

Lo único que la vida espera de mi es que sea feliz.

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La mujer duplicada

No fue como en el libro de Saramago, donde el personaje principal descubre en una película a un hombre que es idéntico a él. No tuve que copiar la lista de nombres de los actores que aparecían en los créditos, ni hacer investigaciones hasta que sólo quedara uno, ni emprender una búsqueda para encontrarlo. Sin embargo me gusta contar esta historia evocando ese libro. A la mujer duplicada no tuve que buscarla, nuestros caminos se toparon…

Era mi primer día en el nuevo trabajo, las instrucciones habían sido claras: “al llegar a las oficinas pregunten por Estela”. Así lo hicimos los cinco de nuevo ingreso pero ella no salió a recibirnos, fue otra de las tres personas que trabajaban en ese lugar quien nos dio la bienvenida, y nos enseñó las instalaciones. Había dos oficinas, y como ahora seriamos ocho personas, uno de los nuevos tendría que irse a la oficina de los otros, que probablemente no iban a ser muy simpáticos con nosotros. Evidentemente nadie quería ser el nuevo entre los otros, pero como todos somos adultos, y además profesionales, decidimos arreglarlo de manera imparcial. Hicimos papelitos, cuatro estaban en blanco y uno tenía un asterisco —el símbolo de los otros —.Quien lo sacara no se salvaría, la decisión era irrefutable, tendría que compartir oficina con tres desconocidos, entre ellos, la tal Estela, que ni había salido a recibirnos, ni se había asomado a saludarnos. Fui la segunda en sacar papelito, por supuesto el del asterisco. Tomé mi laptop y me fui a la oficina de los otros, ahí estaba ella.

Tenía unos audífonos puestos y la vista clavada en el monitor, intentaba saludarla desde la puerta cuando adivinó mi presencia, me lanzó una mirada e hizo una seña para que guardara silencio, entendí el mensaje, entré a la oficina de los otros, me instalé en el escritorio vacio, y estuve convencida de mi mala suerte durante varios largos minutos, hasta que se quitó los audífonos y empezamos a hablar. Llegó rápido a una pregunta clave — ¿te gusta leer? —, de pronto ya no me pareció tan lejana, pensé que podíamos tener algo en común, pero nunca me imaginé cuanto.

Tardé un poco en reconocerla — ¿o tendría que decir, en reconocerme? —. Tal vez a causa de los lentes, ella usaba y yo no — al menos no hasta un mes después de conocerla, cuando me di cuenta de que mi vista estaba cansada y tuve que ir por unos, similares a los suyos en forma, pero de diferente color—. Sin darme cuenta era como empezar a alcanzarla en una línea del tiempo, 10 años atrás de mí misma.

Otros habían notado el parecido desde el incio, decían que mis frases sonaban a las de ella, y el día que llegué con lentes me dijeron “ahora sí eres toda una Estelita”. Pensé que exageraban, que sólo teníamos en común el gusto por la lectura y las últimas cuatro letras de nuestros nombres, hasta un día en que me escuchó hablar de mi novio y dijo — ¿Tienes un Roberto? ¡Uy! Salen muy buenos—, le contesté que más o menos y ambas reímos pensando en los defectos que pudieran tener en común nuestros Robertos. Ahí empecé a reconocerme en Estela, a prestar atención a las coincidencias que había entre su vida y la mía, a verla como mi yo del futuro. A ella le pasó lo mismo, empezó a referirse a mí como su versión recargada, y a veces entre bromas me indicaba qué cosas tenía que cambiar para evitarme cosas que a ella le habían pasado. Era como si estuviera pasándome las respuestas de varios exámenes, o mejor aún, como si me ayudara a exentarlos. La mujer duplicada y yo nos hacíamos cómplices… ya éramos amigas.

Me contó que su Roberto y ella tenían un bulldog inglés, le conté que mi Roberto y yo discutíamos porque él quería uno y a mí no me gustaban. Me pareció simpático pensar que tal vez a mi también me ganarán la batalla, y terminaremos teniendo ese perro. Hablamos mucho de ellos, era gracioso ver como también se parecían; para empezar coincidimos en que ambos eran un par de suertudos, inteligentes y difíciles, con personalidades que a menudo podrían chocar con las nuestras, y sin embargo habían sido una mezcla perfecta, hasta ahora por mi lado y hasta dentro de 10 años más por el de Estela.

Le conté que hacía unos meses había tenido una crisis de estrés en el trabajo, que me llené de ronchas al preocuparme por cosas que no estaban en mis manos, me dijo que tenía que relajarme para evitar un evento vascular cerebral como el que a ella le había dado hace meses, que tomara las ronchas como una primera advertencia, y que las tomara en serio, porque cuando no haces caso a las señales del cuerpo un día se cansa de buscar diálogo y simplemente baja el switch.

Me permitió verla y admirarla en su papel de madre, con el niño más talentoso que he conocido, que se emociona con la idea de ir a una librería, dibuja, escribe, y corrige a los adultos cuando citan mal a algunos escritores. Si yo tuviera un hijo quiero pensar que sería como ese, pero como en esta versión recargada el chip de la maternidad se quedó fuera sólo admiro al pequeño Santiago y pongo de ejemplo su original personalidad cada que puedo.

En cada plática surgían más coincidencias, cada vez me gustaba más escucharla, y verla me provocaba una enorme tranquilidad al pensar que si esa era yo en unos años, lo había hecho bien. Me gustaba verme en ese espejo, siempre amable, divertida y congruente.

Hay quienes pueden fingir afinidades con tal de parecer el alma gemela de alguien. Permanecen en la vida de otros estando de acuerdo en todo, amando y odiando lo que el otro diga, con tal de llegar a un día en que puedan decir “llevamos muchos años de ser amigos”. Nunca he podido hacer eso, soy muy yo todo el tiempo, con gustos y pensamientos que limitan considerablemente mi universo de amigos. No tengo problema con estar sola, soy una mujer que se quiere a sí misma y que en su interior se reconoce extraordinaria sin importar si alguien allá afuera se da cuenta. Pero a veces cómo se anhela compartir lo que nos grita desde esa enormidad de adentro, y que en otros simplemente no hace eco. Encontrar a alguien cuyo adentro le grite en el mismo idioma, eso para mí es encontrar a un amigo.

Nuestros duplicados, pueden o no parecerse físicamente a nosotros, por eso podemos tardar en reconocerlos, pero si prestamos atención veremos idénticos pedacitos de nuestra alma formando parte del otro.

No debe haber problema en ir por la vida con uno mismo, ni en convivir con gente totalmente distinta a nosotros, de ambas cosas aprendes y creces, pero seamos honestos, también te cansas. Por eso agradeces tanto cuando un alma afín aparece y le hace un guiño a la tuya diciendo “llegué, vamos a divertirnos”

¿Se imaginan entonces cómo fue verme llegar a mí misma, con 10 años más para hacerme compañía? Tal vez exagero y es sólo mi ego esforzándose por hacerme ver parecida a una mujer que quiero y admiro. Tal vez sólo estoy demasiado contenta al ver que hoy tengo con quien asistir a presentaciones de libros, con quien inscribirme a algo tan ñoño como un taller cultural en domingo, con quien compartir de una enormidad a otra. Tal vez sólo intento dar gracias por esta amiga que llegó del futuro para hacer mejor mi presente.

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El amor a los 10…

Inició el año escolar en septiembre, quinto grado de primaria, el profesor, las materias y entre los alumnos de nuevo ingreso apareció el nombre de Laura.

Las anécdotas de este año escolar han estado ligadas a este nombre de forma intermitente, un día sí, una semana no.

Así una tarde Santiago me contó que era el nombre de la niña que le gustaba. Luego otra tarde que cambiaron los lugares en el salón de clases y ella estaba ahora a su lado. La tarde de ayer salió del colegio con el semblante triste y desganado comenzó a hablar…

  • Dos terribles noticias las de hoy mamá; primero, que Uriel ya es novio de Laura. Y eso no está tan malo, los rumores corrían en los pasillos desde hace días. Eso no es tan terrible, incluso puedo sobreponerme.

Lo devastador vino después, cuando Pablo me ha confesado que le gusta Laura.

Me quedé en silencio, esperando que terminara de describir sus emociones y lo terrible de la situación. Santiago ha mantenido en secreto su tierna preferencia por esa misma niña, incluso de su mejor amigo. Luego continuó explicándome:

  • Es terrible, porque si Uriel y ella son novios una semana o dos, o tres, tal vez eso no funcione y con el tiempo terminen. A pesar de eso, siempre va a gustarle a Pablo, que es mi mejor amigo y ese solo hecho convierte a Laura en un imposible para mí…

El amor a los 10 es un poco así, profundo, confuso con algo de drama cuando no hay esperanza…

Mi mano se aprieta fuerte a la suya mientras caminamos, y aunque guardo silencio, con ese cariñoso apretón le hago saber que lo escucho, lo acompaño, lo veo crecer y lo amo incondicionalmente, sonrío inclinando la cabeza, no puedo evitar que su corazón se rompa, y reconozco ese código de lealtad entre los amigos de años, porque aunque hoy tienen 10, llevan ya casi la mitad de sus vidas siendo amigos. ☺

Cuánto amor, cuánta vida se nos escapa, día a día.