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CaresuDiadeMuertos

“Hoy como ayer”

“Las heridas mortales tienen la particularidad de que se

Ocultan, pero no se cierran; siempre dolorosas, siempre

Prontas a sangrar cuando se les toca, quedan vivas y

Abiertas en el corazón” (Alejandro Dumas)

Como todos los días los intervalos danzan en una melodía casi audible con la parsimonia de un flor, los aromas fluctuaban entre las grietas del ayer y el hoy, pasando por los recovecos de las notas sueltas en una partitura y ahí estaba parada en medio del paisaje, una figura que se difuminaba en el aire, olía a crisantemos esa mañana de Octubre, había andado tanto para verle ahí y llegó como siempre tarde a la cita concertada, esa figura gris partía la ilusión que se había formado.

Parecía que la suma de la experiencia y la indiferencia se habían depositado en su rostro, tenía surcos como los que se hacen las cascadas en las rocas cuando el agua acaricia su corteza,  en su espalda se depositaba el  silencio del desierto donde no podría construir más nidos.

Las emociones que tenía eran clamorosos capullos rodeados de ortigas, miles de cuestionamientos se posaban en las sienes y debía cruzar en solitario sólo alumbrada por la tenue luz de la lámpara de la esperanza aquel camino que había tomado, quizá arrojada por el combate diario de la rutina o por el calor del egoísmo de una fragante ilusión que le había llevado a cavar aquel funesto destino, parecía un mal sueño…

Trataba de quitar la sutil capa que se hace a las remembranzas, como el golpeteo de un arqueólogo que intenta descubrir que hay debajo de cada uno, parecía un rompecabezas sobre la mesa, desordenado y las piezas no encajaban o faltaban, quizá no sabía qué hacer con todo ello ya que las promesas de juventud eran hoy como los poblados deshabitados que sólo quedan casas en ruinas  y los salicores los dueños del lugar, no recordaba cómo eran los colores del silencio. Tenía el corazón con la última llama que se apagaría, después de eso sólo habría silencio, vacio y nada más.

Estaba ahí depositado en la tierra que amaba,  el peaje de su camino había llegado a su fin, una lápida sobre un montículo de tierra  denotaba que hacia pocas lunas había caído en el sueño de los justos y con él se había ido una parte de ella, ese lado que sólo mostraba pocas veces, como cuando es visible el arcoíris después de esos días donde el cielo llora.

Había una lápida gris con un nombre y años solamente, con letras blancas que resaltaban la importancia de la roca,  tenía por cortejo unas flores de cempazúchil que daban toques de sol al lugar, unos cirios apostados como soldados en guardia, firmes y observantes, resguardándolo todo, dulces de mil sabores y en el odre negro mezcal, sobre los platos de barro se podía mirar mole, calabaza en tacha, arroz y tortillas azules al lado, majestuosamente puesta invitando al festín a vivos y difuntos, a lo lejos se escuchaba una guitarra cantar…de pronto observó algo que la dejó helada…

Se preguntó entonces ¿Qué continuaría ahora?, existía una oquedad en el centro de su pecho, había crecido con el paso del tiempo, creando alrededor una especie de coraza cada día más alta e impenetrable, era necesario para su supervivencia mantenerlo así, sólo él podía entrar,  con el suave roce de su piel, el aroma que tenía cándido y tierno como un beso, ahora vivía en sus memorias. Anidaba ahí el profundo deseo en vigilia siempre, como fiel compañero en las noches más obscuras.

Perdió la noción de los años ausente ¿Fue un lustro, una década o un siglo? , lo cierto era que al partir era una edad donde los sueños pueden ser realidad y se  observan con los catalejos del canto del ruiseñor, todos parecen ser tan vividos y reales que dan un impulso casi nato a continuar creciendo, cabalgando en la osadía pero llega un momento en que esto termina y se mira en el espejo lo que hay, lo que se tiene y dentro de uno existe una parte que ha dejado de esperar envolviéndose  en la monotonía de actuar en un mundo que alguna vez se vio tan lejano y hoy estaba frente a él, siendo parte del montaje en que era la obra y actuaba en ella sin haber pedido quizás aquel papel.

Giro su rostro para ver algo que llamó su atención y miró en la distancia una vereda que daba la impresión de ser como esas viejas fotografías que el tiempo va vistiendo con nuevos colores y texturas, el instante capturado no era un preso doliente sino un vago momento, que es semejante al camino alto hacia la colina, donde prometió que siempre esperaría él, siendo el pecho que deseaba y el tributo esperado, recordó que era el sitio donde se encontraban y amaron tantas veces.

Dirigió sus pasos vacilantes como las tardes de verano en la playa, camino hasta el punto donde podía mirarse todo el pueblo, con sus techos granate de dos aguas, blancas paredes circundaban las casas, las chimeneas a las afueras donde había un obrador, una panadería, el herrero y todo permanecía como las pinturas de Velázquez, los aromas seguían tan vivos como los extrajo de su memoria, cada flor, cada árbol y cada palmo del bosque seguía ahí como mudos testigos, con la misma sagacidad de un tiempo atrás, cerró los ojos y aspirando profundamente pensó que los antiguos combatientes  atravesaban las planicies con el fervor de un santo y el desdén de un condenado, llevados por el simple deseo de buscar, encontrar y poseerlo todo, continúo su andar con el pecho absorbido de pequeñas turbaciones, el día comenzaba a dormitar, como la trayectoria natural de una caravana en el desierto, quizá los negros presagios que pesaban por su mente se debían a su forma actual desdeñosa y turbia, había dejado de brillar hacía tantos ayeres que la metamorfosis sufrida se había llevado la lozanía de los olivos, en ese instante sintió que no tendría patria alguna,  continuar  bajo esa piel prisionera del fragor de la tempestad sería como aquel caracol que no alcanza a subir a la rama del árbol, por más que lo intenta no consigue.

Al descender y regresar rumbo a casa, anduvo sobre la grava cuyo pequeño chasquido al tocar los guijarros dan la impresión de tipear sollozos que fluyen como los minutos en los recovecos de la memoria, esos que se quieren silenciar para no despertar la sospecha que en cualquier momento el dique será abierto y de el brotará todas las lágrimas contenidas vaciándose  para ahogar los jardines del interior a tal punto que después sea difícil de contener nuevamente.

Pero ya era imposible, había ocurrido, empezó a agrietarse, por donde menos pensó el cataclismo en lo recóndito y sucedió, empezó el manantial a limpiar todo a su paso y llevándose troncos, piedras, hojarasca etc.  todo lo que en el pecho se guarda por años y está ahí como astilla en el dedo, molestando y empezando a hincharse pero después del nivel más alto de dolor, se acostumbra uno a tenerlo adormecido, amoratado siendo parte de la cotidianidad que después es un recuerdo apagado, entonces  el dedo enfermo y putrefacto, sigue ahí , pero con ignorarlo se cree que es suficiente entonces llega un día en que no se puede más y es necesario amputar para evitar una infección mayor pero esto no aligera la carga, porque la falange amorfa continúa siendo parte de uno mismo, siempre dispuesta a asistir a la invitación de cambiar el sentido de las cosas y del mundo, asir la cosas con nuevos enfoques reconocer la necesidad de despedirse, de lo establecido y empezar algo nuevo, por eso le dolía tanto no estar en aquella cita, pasaba las hojas del calendario sin ver, reprochándose no llegar a tiempo y cuando por fin tuvo la lucidez era tarde, como esas rosas de mayo que ya no florecen hasta a siguiente primavera , entonces sin darse cuenta llegó al lugar que la dejó helada, sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, un ventarrón arrojo lejos la bufanda y al caer cerca de una lápida observó el nombre y la fecha… pero ¡¿cómo era posible?!,  ¿En qué momento había ocurrido?… ella estaba parada frente a…IMPOSIBLE!!!  Se decía y clamaba, cuando de pronto enfoco la vista y…

Estaba de pie con el traje de gala que uso una vez,  se veía perfecto él, alto, de figura vigorosa, espalda ancha sus brazos delineados con cincel, sus hombros reconciliaban la sagacidad con el placer y la inocencia, tenía una mirada que incendiaba los soles en verano, con un halo  de oscuridad alrededor de ellos, las cejas pobladas demarcaban su rostro con fiereza, sus mejillas revestidas  por una barba profunda color otoño y de su cabeza colgaban rizos largos del misma tonalidad de  su barba, desde que se vieron comprendió las palabras de Shakespeare: “HAY PARA MI MÁS PELIGRO, EN TUS OJOS QUE EN AFRONTAR VEINTE ESPADAS DESNUDAS. CONCEDEME TAN SÓLO UNA DULCE MIRADA Y ESO ME BASTA PARA DESAFIAR EL FUROR DE TODOS.”  … ¿Cómo era posible? Era producto de un deseo o ¿estaba ahí…?

               Se acerco con sumo cuidado a la mano extendida, parecía la invitación entonces rozó sus manos apenas, provocando que su ser se estremeciera de pies a cabeza, al sentir el suave toque de su piel era como acariciar los campos de trigo, le tomó por el talle y empezaron a bailar al ritmo de la música, vuelta, risas por doquier todos estaban en frenesí, terminó el vals y le besó apasionadamente como siempre, fue entonces cuando preguntó:

 -¿Es una mala pasada eso?- señalando la lápida…

– No, escucha con atención;  Respondió él con la voz que le hacía caer en una vorágine  profunda, con ese dulce mareo que provocaba tenerlo cerca.

Agregó él:

– “Duda que sean fuego las estrellas, duda que el sol se mueva, duda que la verdad sea mentira, pero no dudes jamás de que te amo” [Shakespeare Romeo y Julieta]

– ¿Entonces?, preguntó ella con expectación.

Añadió él citando otro autor:

–  ¿Sabes a qué has venido hoy… [ ]? Has venido aquí a morir. Hoy tenías una cita con tu destino. Sería tan absurdo como pensar que gotearían tus ojos cuando ¿te duele el corazón no?.  Hace ¿Cuánto tiempo que no comes, duermes o te sientes cansada? ¿No te lo has preguntado?, ¿Hace cuántos soles que caminas sin parar? ¿Cómo es que llegaste aquí?, he ahí la respuesta…

Sintió como un balde de agua fría bañaba todo su ser, las respuestas golpeteaban la puerta de su cerebro y temía dejarlas entrar porque una vez instaladas en ahí jamás se partirían, empezó a ver como su vida pasaba frente a ella como una película en un autocínema mudo donde la luz del proyector es todo lo que ilumina el lugar, vio rostros familiares y no tanto, amigos de su infancia que el tiempo guardo en el tercer cajón de su adolescencia, sus amados caballos, la primera  ilusión, sus hijos, su vida entera , el hecho de que partieran juntos y él, como el dueño perfecto de todo lo que era ella, entonces en el último crisol se mostró como había llegado ahí…así suavemente dejó este mundo como se despide el otoño, sentado en la rodillas del invierno, era ya muy vieja para andar, agradeció volver a florecer por un instante, y recordar los buenos tiempos en que fue tan feliz.

Por un momento fue joven, de nuevo y observó que todos llevamos en nuestro ser parte de cada uno de los tocamos en nuestra vida, son células de nosotros mismos, esa chispa que surge cuando conocemos alguien es memoria de una vida pasada, el alma reconoce al amigo tan amado, al hermano, al hijo o al amante de un tiempo atrás todos estamos concatenados en una secuencia de actos del universo, nadie es un verso suelto, formamos parte del mismo poema escrito por Dios, ahora todo límpido y estaba en paz.

Había regresado a su hogar, con quien amaba y estuvo presente siempre, con un bagaje de decisiones y pulsaciones que hoy estaban enterradas bajo esa tierra, para volver a ser polvo y trotamundos de otra forma.

La brisa con su voz mecía las ramas de los árboles y los sauces responden lanzando al espacio un trino, reclinan su cabeza en la columna de la memoria, resplandecen a la luz de la aurora, ambas lápidas estaba juntas, como siempre desearon, juntos en esta vida y todas las demás.

Entonces  permanecieron inertes ante el tiempo que mira pasar un océano de invisibles orillas en el  mar donde la espuma es como la ilusión de una piedra preciosa, cerró los ojos, una luz proveniente de lo alto irradió un sendero claro, ambos caminaron hacia la luz eterna.

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19s2

Jud Garrido

A un mes 19s…

La primeras noches fueron de insomnio, por salir a las brigadas a ayudar o porque qué tal que no escuchaba la alerta sísmica a tiempo, o qué tal que empezaba a temblar y no sonaba la alerta… mi cabeza sólo pensaba cómo hacer más para ayudar, mi corazón se alegraba hasta las lágrimas de sentir el de mi hijo latir a mi lado y saber a salvo a mi gente; se encogía de dolor cuando compartía momentos con las personas al no querer alejarse de sus hogares a punto de colapsar por que habían sacrificado tanto para tenerlo. Mi alma se rompía por completo al ver a las familias esperar por sus seres queridos, ¿de dónde se toma la fuerza para soportar eso?

Pero la vida sigue a pesar de las pérdidas, y uno recuerda el valor de los que hoy están y de lo que hoy tenemos. Reconstruir no sólo muros, también vidas, no es fácil. Si no olvidamos que no sólo en las catástrofes, también en el día a día hay personas reconstruyendo, y ayudamos de alguna forma, el nuevo panorama puede ser mejor.

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19s5

19S +1M +1D

A un mes y un día del 19s diré…

Confieso que tengo empatía con los temblores, quizá tiene algo que ver mi signo zodiacal y el elemento que lo representa. Quién sabe, pero a mí me gustan los terremotos.

Me gusta que ocurran intempestivamente. Siempre inoportunos. Me gusta que el hombre apenas pueda anticiparlos con segundos antes de que se presenten, con toda su fuerza. Y es que así son, no hay manera de predecirlos, simplemente ocurren. Puedes ir caminando por el mundo en un día cotidiano, pensando en el menú de la comida, el gasto, la tarea, el gato y de pronto, ¡zaz! La tierra se sacude.

Me gusta su carácter implacable. No distinguen condición, talla, peso, color, estado de ánimo, no son selectivos en ninguna manera.

Aparecen como un escalofrío de la tierra que a veces sentimos suave y a veces parece advertirnos “agárrense piojos, que ahí les va el peine”.

Los temblores despiertan conciencias, reúnen familias, afloran todo lo bueno y todo lo malo que somos, nos recuerdan que todo es impermanente, nos enseña que en unos cuantos segundos estructuras que parecían sólidas se desmoronan, nos estremece para que revisemos nuestros armazones internos, el sostén de las ideas sobre las que moldeamos nuestra personalidad y nuestro actuar. Son siempre una invitación a tirar al suelo aquello que construimos y que ya no nos funciona en la vida; a reforzar lo que se ha dañado y aún nos importa; a reedificar lo que se nos desmoronó. Los temblores nos convierten en cardumen, donde el colectivo es más importante que el individuo. Desde ahí nos reconstruimos.

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FotoBio

Macedonia Quejumbres

«Nací en Baja California hace unos años, crecí en Reynosa, Tamaulipas y crecí más en la Ciudad de México, mis amigos los citadinos se imaginan que crecí con botas y caballos, mientras que estuve en el Norte del país siempre me sentí más familiarizada con la ciudad, siempre defenderé “mi rancho” y a mi ciudad. Me gusta escribir desde pequeña pero hasta secundaria me enamoré de ello, empecé a desarrollar una pequeña obsesión con la ortografía desde que me di cuenta de los errores que cometía, sigo aprendiendo. Me considero una persona muy versátil, me gusta estar en silencio leyendo un libro pero también disfruto la compañía, no sé porqué me quejo tanto, si la vida es bonita, exploto cuando no me gusta lo que hace alguien y me enojo fácil.»

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La elegancia del Erizo

Reseña de “La elegancia del Erizo”

Me gustan los regalos, ¿a quién no?, y además, ¡que te regalen un libro!! Está buenísimo. ☺

El libro tiene buen ritmo, se divide en 3 partes, (aunque para mí, los libros tienen siempre dos, la primera mitad y la segunda mitad). Y así se los cuento:

Para la primera parte me parecía un libro del tipo “aleccionador”, sutilmente pretencioso, muy adecuado para una historia parisina y clasista, lleno de estereotipos; los ricos, los pobres; los inteligentes, los tontos; los cultos, los incultos. Sin embargo, (así como el erizo), resulta que no es lo que parece. La segunda parte del libro entreteje la historia de Renee, una mujer de 54 años de edad, portera del número 7 de la calle de Granelle, y de Paloma, una niña de 12 años que discurre entre observar los movimientos del mundo y encontrar ideas profundas para compartir.

Así que leer “la elegancia del erizo” es, en su primera parte, como subir las escaleras rectas e incómodas de una altísima (y divertida) resbaladilla de caracol, para la segunda parte sólo queda deslizarse hacia el final.

Habría que advertir que se pierde algo en la traducción al castellano y que ciertamente el sentido del humor francés es distinto del nuestro, (y cuando digo “nuestro” me estoy refiriendo al de México, aunque tal vez ni eso, cuando pienso que Santiago siempre dice que el mío es un “sentido del humor muy solitario”). El caso es que el libro me ha conmovido y he tenido que salir a caminar después de terminar su lectura.

La novela es perfecta de principio a fin. Llena de referencias artísticas, filosóficas y musicales. La felicidad, la belleza, lo efímero y lo eterno se conjuntan para hacer una propuesta sobre la fórmula de la vida, la razón de la muerte y el dolor como el gran maestro de las lecciones que nos transforman.

Aunque no fui completamente feliz con la traducción y la parte del libro que tiene una tendencia aleccionadora, la sencillez de los personajes lo vale todo. Hay que esperar a que el libro se apacigüe dentro de uno. Calmar la sensación de inoportuno, perturbador y estremecedor, o ¿seré yo que con los años me he puesto más chillona?, o ¿será que conecta con los anhelos, lo sublime de la belleza, la literatura, la gramática, la pintura, la música?, o ¿será el argumento estremecedor de que nos dirigimos a nuestro destino sin ninguna posibilidad de eludirlo? Y es que a veces, liberarte, sanar, ser valiente no basta.

Si este libro fuera parte de un menú sería un té de jazmín, o un sashimi con sake, una comida japonesa que disfrutas con tu mejor amiga en una tarde como la de los días que no sabes de qué va, porque comienzan con lluvia y luego hay sol. (O al revés).

 

Datos Bibliográficos

“La elegancia del erizo”

Muriel Barbery

Seix Barral Biblioteca Formentor

Título original en francés “L´èlègance du hèrisson”

2008, Editorial Planeta Mexicana, S.A  de C.V.

Primera edición impresa en México: noviembre de 2008

ISBN: 978-607-7-00033-4

Impreso en México, D.F.

367, páginas

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Lasolenumerosprimos

Reseña de “La soledad de los números primos”

“Sí, lo había aprendido. Las decisiones se toman en unos segundos y se pagan el resto de la vida”.

Paolo Giordano

Historia de amor basada en la romántica idea de un amor que “siempre está ahí” aunque nunca esté en realidad; una persona que te saca de la nostalgia pero nunca de la soledad. Ésta se apoya en el concepto de los números primos, (de ahí el nombre), donde cada pareja de primos gemelos están “condenados” a estar siempre cerca pero nunca juntos.

La considero una historia con la que muchos podríamos identificarnos de alguna manera, la necesidad, y/o casualidad, de tener un amor que te reconforte en los momentos de aflicción.

También me parece interesante la manera en la que el autor equipara una historia de amor con las matemáticas, considero que la hace una historia ingeniosa e incluso fácil de entender. Sin embargo también me hace reflexionar, ¿en realidad las personas como las ciencias exactas estamos destinados a algo y sólo eso?, ¿No tenemos decisión sobre nuestro futuro?, ¿Qué tanto usamos de pretexto al destino para no decidir ni hacernos responsables de nuestros actos?

Asimismo pienso en como cada personalidad moldea y demuestra el amor de distinta manera, nuestra historia de vida nos marca y con ello nuestro andar y nuestra esencia. De esta manera se observa como los protagonistas de ésta narración quedan marcados por hechos dolorosos en su infancia y a partir de ahi, marcan una pauta en su manera de seguir por la vida.

De igual manera me hace recordar “la ley de atracción”, que no sólo pasa en la física, también con las personas; existen relaciones difíciles,  mientras que otras fluyen de manera suave y misteriosa. Pienso que hay personas con las que la química es indiscutible y que en contra de eso nada se puede hacer.

Considero que es un libro que vale completamente la pena leer, no sólo por la ola reflexiva a la que te lleva, sino también por el placer de leer una historia de amor algo estereotipada y aún así bastante cercana a la realidad.

Datos curiosos del autor:

Paolo Giordano, italiano, físico y con veintiséis años en el momento de escribir esta historia. Galardonado con el premio Strega de narrativa 2008; ha despertado mucho interés después de esta novela la cual es conocida mundialmente.

Datos bibliográficos:
Autor: Paolo Giordano
Editorial: Ediciones Salamandra, 2009
1° edición, febrero 2009
20° edición, noviembre 2013, España
Traducción, Juan Manuel Salmerón Arjona
ISBN 978-84-9838-205-1
Impreso en España

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Momo

Reseña de “Momo”

Momo, ¡vaya título!… esas 4 letras (y unas cuantas más del nombre del autor), no te adelanta nada sobre la historia que contiene este libro publicado en 1973. Al girar el libro, en su contraportada se describe un contexto de una historia “normal”, no parece nada del otro mundo. La sorpresa que guarda este libro es la veracidad de sus palabras colocadas en un ambiente ficticio pero que de alguna forma es tan acorde a la realidad.

El libro se divide en 3 partes, en el inicio presenta a nuestra protagonista, una pequeña de nombre Momo, y a los demás personajes humanos, el autor nos cuenta cómo viven en la ciudad. La segunda parte hace oficial el nombre de nuestros antagonistas: “los hombres grises”, esas personas que nos van robando sin que nos demos cuenta, casi como un banco. En la tercera parte nos muestra la solución a todos los problemas de Momo y sus amigos, a través del desarrollo de todos estos temas de la vida cotidiana, como aprender a ser felices, la insatisfacción que ocurre cuando se llega a cierto punto de nuestras vidas en el que esperábamos tener resuelta la vida, haber cumplido con la expectativa, y sin embargo esto no ocurre en realidad; todo enlazado con la idea del tiempo, que es el concepto principal en esta historia.

Momo es un libro que se encuentra en los catálogos de literatura infantil, como un cuento clásico, sin embargo creo que es un libro que no tiene restricción de edad, todos deberían leer la historia de Momo, los niños y los adultos, se puede por la ágil narrativa que nos ofrece Michael Ende aunque incluye un mensaje tan grande y que confirma que todas esas divagaciones que pensamos cuando estamos sin nada que hacer, tienen algo de verdad,  que no somos los únicos en preocuparse o cometer errores banales, que siempre, siempre, siempre hay que disfrutar el tiempo que tenemos y a aquellos con los que lo compartimos.

Datos Bibliográficos

Título: “Momo”
Autor: Michael Ende
Editorial: ALFAGUARA
ISBN: 978-607-313-560-3
Impreso en México
Total de Páginas: 320

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Banderazul2

Mi primer bandera azul

Vacacionar o viajar a alguna playa siempre lo he considerado todo un dilema, el clima y las multitudes pueden ser un factor determinante en el momento de poder disfrutar el lugar.

A veces pareciera que en el mundo las playas más bonitas son sólo las más populares, sin embargo, alejarnos de los clichés y estereotipos puede traernos sorpresas increíbles.

Existe una playa en Los Cabos llamada “El Chileno”, digna de convertirse en la favorita de cualquiera: niños, adultos, ancianos, amantes de los deportes extremos, de los que gustan de la relajación, etc.

La bandera azul o Blue Flag es un reconocimiento que otorga la Fundación Europea de Educación Ambiental a playas y puertos que cuenten con ciertas condiciones entre las que destacan:

  • Accesibilidad para discapacitados como son rampas y sillas de ruedas especiales para sumergirse en arena y mar.
  • Agua limpia libre de residuos, en esta playa es muy común realizar esnórquel y buceo por la claridad del agua y abundancia de fauna marina por los corales que se encuentran bastante cerca de la playa.
  • Libre de comercio ambulante, y aunque para muchos podría ser un punto en contra, la libertad de llegar a una playa donde puedes llevar los alimentos tal y como te gustan y hacer picnic en la playa en sus respectivas palapas ya instaladas merece la pena.
  • Libre de basura, eso significa que cada uno de los recipientes y desechos que lleves ahí y deseches, tendrá que ser colocado en su respectivo bote de basura; orgánico o inorgánico.
  • Baños limpios y regaderas gratis.
  • Servicios médicos.

Este tipo de playas le regalan al visitante una experiencia distinta a la común, nos hace darnos cuenta que existen varias formas de diversión en las que disfrutemos la playa en sí y no las actividades creadas por el hombre en la que siempre hay cierto pago monetario de por medio, nos regala experiencias sensoriales y vínculos con el lugar, así como espectaculares paisajes.

“El Chileno” se encuentra en el km 14.5 del corredor turístico entre San José del Cabo y Cabo San Lucas.

Recomendaciones: llevar equipo de esnórquel para los que gusten de esa actividad, mantas y toallas para sentarse en la arena, así como comida suficiente y de su preferencia para el tiempo que pasen ahí.

Recomendaciones extra: respetar las instrucciones dadas como levantar su basura y no llevar mascotas.

Respetemos y cuidemos de estos sitios que se preocupan por mantener un ecosistema limpio y sano, así como por la diversión y disfrute de las personas, apoyemos estos proyectos promoviéndolos no sólo para que más personas los disfruten, también para hacer consciencia y poder hacer de la bandera azul un común de las playas turísticas.

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El panzón

El panzón.

La dicha de enseñar y aprender me viene del abuelo. Es como si su facilidad de palabra me hubiera ido penetrando la lengua y al final se fuera haciendo una costumbre en mi caminar. Hablar para convencer, platicar por el placer y el discutir para defender. Me vienen del lado materno tantas cosas.

Al panzón le gustaba inventar historias, las presentaba de una manera tan real que toda mi infancia viví creyéndolas. La que más me gustaba sin duda era la del tiburón y hoy en día, aunque soy ya una adulta, sigo pensando muy en el fondo de mi corazón que todo sucedió como él nos lo había contado.

El verano en Sudcalifornia es literalmente como el origen de la palabra misma “un horno caliente”, nos situamos entonces en esa época del año en donde los palmares dejan de bailar y el único remedio a “la calor” resulta un buen chapuzón a orillas del mar de cortés. Por ahí de los años cincuenta todos los jóvenes del pueblo acompañaban a sus padres a la pesca, por el trabajo o cuando el día lo ameritaba  eran los amigos los que se reunían para ir a sacar algún fruto del mar.

Aquel día Manuelito Davis había ido de día de pesca con “el cayito” su amigo de la infancia. Habían salido temprano hacia la isla del Carmen, la mañana había transcurrido tranquilamente, pero por cuestiones de mareas y del destino propio, habían entrado sin querer a ese lugar que muchos llaman la cueva, esa formación rocosa en la isla en donde el mar y la tierra se unen para formar un espacio oscuro y tenebroso.

El abuelo no tenía miedo ¿cómo iba a tenerlo? si lo inglés de su apellido no era sólo el nombre sino también la sangre pirata que corría por sus venas. El amigo cayito temblaba del espanto que lo había empezado a poseer y este creció cuando se dio cuenta que en la cueva había un tercer integrante, un tiburón gris con unos dientes gigantes, con una aleta que inspiraba respeto y con un hambre marca diablo. El abuelo lógicamente ni corto ni perezoso se lanzó al agua para defender al amigo y así evitar ser comidos por el inmenso animal.

La pelea fue épica, con un pequeño cuchillo el abuelo pudo matar al feroz atacante y así resultar victorioso después de largas horas de batalla, el único pequeño rasguño que sufrió fue una mordida en el pulgar de la mano derecha de la cual nunca pudo recuperarse. A pesar de que el monstruo marino no pudo arrancarle el dedo, este quedo como una almohadita maleable, suave y aguada.

Al pasar de los años no recuerdo quien me contó la verdadera historia, el panzón había ido a pescar cierto, el amigo cayito lo acompañaba (también era verdad), sólo que nunca existió el tiburón, en realidad el abuelo se había él mismo enterrado el anzuelo en el dedo tratando de preparar su caña. Por suerte un dentista que estaba de pasada por el pueblo lo atendió y con su poca habilidad para saturar dedos pudo evitarle mucho sufrimiento. Sin embargo, digamos que el dedo no quedo perfecto.

A mí me gustaba dormir con el abuelo, tocar su pulgar y escuchar una y otra vez la historia del tiburón, pues segura estaba que nadie tenía un abuelo tan valiente como el mío. Me gusta seguir creyendo que mi abuelo, hace algunos ayeres, salvó a su amigo de ser comido y que entonces cuando él está cerca no corro ningún peligro, así no pueda tocarlo.

Diario-de-un-mal-año-retro

Reseña de “Diario de un mal año”

La historia se divide en dos partes; Opiniones contundentes y Segundo diario.

Opiniones contundentes son las notas que prepara el escritor John, o Señor C. a la editorial alemana, pensamiento abstracto y crítico sobre diversos tópicos expresados de forma puntual y concisa. A su vez, cada página está dividida en tres secciones que aparecen yuxtapuestas, estructura que se dice inspirada en “La muerte de Artemio Cruz” de Carlos Fuentes, por lo que el lector tiene la libertad de elegir cómo desarrollar su lectura, propuesta similar a la de Rayuela de Julio Cortázar.

De tal manera que el lector encontrará 31 Opiniones contundentes sobre asuntos contemporáneos y 24 temas en el apartado de “Segundo Diario” colgados todos sobre un suave argumento novelesco con tres personajes principales, un escritor de 80 años que prepara unas opiniones para una editorial alemana; Anya, una joven de 29 años, de nacionalidad filipina y vecina del escritor, a la que hace una propuesta con el fin de que le ayude a mecanografiar las opiniones en el ordenador; y  Alan, consejero de inversiones financieras, pareja de Anya.

Diario de un mal año ha sido denominado una “Novela de ideas”, constituye una lectura dinámica, redactada con un sentido crítico, simbólico y metafórico. Además, como menciona el autor, es “una oportunidad para refunfuñar sobre el mundo”. Lamentos, diatrabas, maldiciones, pequeñas disgresiones que causan escozor en la conciencia atenta del ciudadano modelo.

Es muy interesante encontrar a un autor sudafricano citando a Gabriel García Márquez en su texto, referente a la inspiración, tomada de “El olor de la guayaba” en cuanto a la descripción de la cualidad necesaria para escribir y a diferencia de esta “elevación del alma” el Señor C. se describe a sí mismo como “partidario de la sobriedad, creyente en el orden, en el proceder metódico. También están referidos en libro Jorge Luis Borges y Javier Marías entre los contemporáneos y Tolstoi y Dostoievski entre los autores clásicos predilectos del escritor.

Si este libro fuera parte de un menú sería una cena completa, codorniz asada con verduritas, acompañada con vino tinto y una tartaleta de frutas como postre.

Un poco sobre el autor.

J.M. Coetzeel autor sudafricano de nacimiento y de nacionalidad Australiana, tiene 77 años, con estudios de Matemáticas e inglés por la Universidad de El Cabo (University of Cape Town). Ganador del Premio Nobel de Literatura en el año 2003 y su obra abarca novelas, autobiografías noveladas, ensayos, críticas y correspondencia entre los años 1974 hasta 2015.

Datos Bibliográficos:

Autor: J.M. Coetzeel

Editorial: Literatura Mondadori, 2007

Primera Edición en México: marzo 2008

N° de Páginas, 240

Traducción de Jordi Fibla

ISBN 978-970-810-292-6