Categoría: Letras Libres

Las Pozas

Xilitla, la perfecta armonía.

Xilitla, pequeño pueblo enclavado en la Sierra Potosina denominado desde diciembre del 2011 pueblo mágico.

Si bien tiene peculiares vistas hacia la sierra, un atractivo cerro llamado “La Silleta” (por su forma de silla de montar) y una curiosa historia de su iglesia, su verdadera estrella no tiene mucho que ver con la historia del pueblo.

El jardín surrealista de Edward James también conocido como “Las Pozas”, es un gran espacio que alberga esculturas surrealistas de escala monumental enclavadas en plena huasteca potosina. Dichas obras parecen sacadas de un extraño sueño, sus atrevidas e inusuales formas, aunadas a delgados soportes generan sorpresa en el espectador, seguida de curiosidad o miedo según sea su personalidad. Además, el paisaje de la huasteca acentúa su belleza y misticismo. El elemento agua también está presente en este lugar y le agrega finamente un toque de encanto;  las caídas de agua se desenvuelven en pequeños estanques o pozas (de ahí su nombre) en los cuales la gente acostumbra a nadar y refrescarse cuando el clima lo permite.

Considero que el éxito de la perfecta armonía entre las esculturas y el paisaje se da en el buen entendimiento que hizo su autor entre los elementos construidos y la naturaleza, conocer sus mejores características y acentuarlas con ayuda del otro sin competir entre sí, es decir, el paisaje enaltece el espacio a través del movimiento natural del lugar, el cual genera caminos, zonas contenidas, remates visuales y diversos fondos, además de uniformidad a través del color verde.  De la misma manera la pulcritud de los elementos construidos, la permeabilidad que existe entre un monumento y otro, y la asociación de texturas también enaltece el paisaje.

Es un espacio que invita a la relajación y meditación, por eso es recomendable acudir en temporada baja cuando se permite subir a las grandes esculturas como “La casa de bambú”, ya que en temporada alta prohíben el acceso. Sin mencionar que sin gente es un espacio perfecto para tomar fotografías.

Xilitla se encuentra en el estado de San Luis Potosí dentro de la región conocida como Huasteca Potosina, a  1 hora 40 minutos de Ciudad Valles, 4 horas 50 minutos de la Ciudad de San Luis Potosí y 7 horas de la Ciudad de México.

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Una de Reyes Magos

Una de Reyes Magos

Don Olegario se sentó en la poltrona tejida de mimbre, y comenzó a recordar, a cuento de los primeros días del año, de los días en los que abandonó su casa huyendo de las palizas que su mamá de propinaba con razón, o sin ella. En esos días él tendría unos 8 años de edad, aunque en realidad su abandono había comenzado dos años antes, cuando el coma diabético dejó a su madre en un suspenso de la vida y por supuesto muy lejos de él. La mujer despertó del coma con la amargura recrudecida y sin paciencia. Para entonces Olegario habría aprendido a sobrevivir saciando el hambre y las necesidades básicas igual que los animalillos salvajes de los alrededores del pueblo y sin la supervisión de ningún adulto a su cargo. A pesar de los 15 hermanos mayores que le precedían, por increíble que parezca, del menor de todos ellos, nadie se ocupó nunca.

Así que un día se escapó de su casa en una de las bicicletas de los muchos hermanos que tenía y no paró de andar desde Huetámo, uno de los 113 municipios del estado de Michoacán, comiendo a cambio de trabajo que conseguía haciendo cualquier cosa que un niño de 8 años pudiera encargarse y durmiendo en las bancas de los parques cuando estaba en algún poblado, o en cualquier espacio cerca de la carretera cuando el sueño lo alcanzaba. Habrá pasado una semana cuando el pedaleo le alcanzó para llegar al puerto de Acapulco, ahí una familia de pescadores que tenían hijos pequeños le brindó algo más que comida y refugio. Llegó el mes de enero, para el 5 todos estaban alborotados con la ilusión de los regalos. Él a esa edad, ya no creía en los Reyes Magos, porque nunca le había traído nada. Cuando lo mandaron a dormir le recordaron que debía poner debajo de la hamaca una cajita con sus huarachitos para ver qué le traían los Reyes, y contestó que esos no existían, que esa historia era puro cuento y se durmió llorando de tristeza.

A la mañana siguiente, debajo de su hamaca encontró un trompo de madera, una pelota y unos huaraches nuevos, él lloró de la emoción y volvió a creer en los Reyes Magos. Ahora que es un señor grande, y que todos lo conocen como “Don Ole”, la gente le regala juguetes en buen estado, él los limpia, los arregla y se los da a niños de escasos recursos para que mantengan la ilusión de que los Reyes Magos si existen.

Autor: La Negra

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Hablando con mi necedad

Cómo no hacer un pastel de zanahoria en navidad

Esta metodología está escrita en el futuro, dirigida a mi en las vísperas de nochebuena del 2016 para prevenir el desastre que viví en aquel momento, donde requería algo más que una simple receta para poder hacer un delicioso pastel de zanahoria.

La elección del platillo para colaborar en la Nochebuena.

Elegir un platillo puede resultar de lo más simple si sabes dónde comprarlo ya preparado, y que tenga buen sazón, de lo contrario ofrécete a llevar el alcohol y los refrescos. En caso de que lo tuyo sea hacer un esfuerzo por cocinar una vez al año -como es mi caso- te sugiero NO REALIZAR EXPERIMENTO ALGUNO y preparar algo que sabes hacer bien, después de todo te aseguro que agradecerán más un platillo delicioso, aunque no navideño, a “algo extraño” tradicional.

Como yo soy tu futuro y conociéndote como me conozco, sé que mi recomendación anterior la leíste en tu celular camino al supermercado y seguramente mezclaste información, por lo que en este momento estarás invocando a san Google para que te dé una receta del pan de zanahoria que viste en facebook hace algunos momentos, por lo tanto el platillo que llevarás es un experimento no navideño.

Los ingredientes

La lista de ingredientes está diseñada para que tengas todo listo ANTES DE COMENZAR A COCINAR.

Para el pan.

2 tazas de zanahoria finamente rayada. Nota: finamente rayada quiere decir que no puedes hacer el pastel, pues no cuentas con los aditamentos para hacerlo y en el súper no la venden. Desiste.

1 ½ tazas de aceite. Nota: Recuerda que tú tienes 3 tipos de tazas en casa que varían considerablemente de tamaño, ninguna con la medida exacta, por lo que no saldrá como se espera. Desiste.

2 tazas de azúcar. Nota: no puede ser eliminada de la receta. Si te preocupan las calorías del pastel, por favor desiste.

1 ½ tazas de coco rayado. Nota: Sí, más azúcar. Desiste.

1 ½ tazas de piña en almíbar picada. Nota: Mucho más azúcar. Desiste

1 ½ taza de nuez picada. Nota: Picada, no aplastada. Desiste

4 huevos. Nota: De ninguna manera este ingrediente hace referencia al nivel de energía requerido para elaborar el pastel, deja trabajar a tu marido y no lo obligues a cocinar contigo. Si no puedes, no repartas. Desiste.

1 cucharadita de esencia de vainilla. Nota: Si no encuentras esencia de vainilla, sino saborizante artificial de vainilla, no intentes hacer conversión de porciones, las matemáticas tampoco han sido lo tuyo. Desiste

1 cucharadita de bicarbonato de sodio. Nota: este ingrediente no está incluido para asegurar una mejor digestión y mucho menos para evitar la acumulación de grasa en tu cuerpo por tanta caloría. Desiste

1 cucharadita de sal. Nota: Se refiere a sal de mesa. Si sólo cuentas con sal de grano por ser más sana, desiste.

Para el betún.

2 ½ tazas de azúcar glas. Nota: Síííííí, más azúcar. Por favor evita hacer experimentos, sustituir el azúcar glas por el azúcar morena no dará el mismo resultado, y tampoco se acercará al merengue que tanto te gusta. Si quieres merengue desiste de hacer el pastel de zanahoria, ese no lo lleva.

1 barra de queso crema. Nota: Si encuentras barras de diferentes tamaños en el súper y no sabes cuál es correcto, desiste.

6 cucharaditas de mantequilla. Nota: si en el súper encuentras mantequilla con sal y sin sal desiste.

1 cucharadita de vainilla. Nota: aplica lo mismo que la vainilla del pan. Desiste.

Preparación del pan

Si a estas alturas del partido insistes en seguir preparando el pastel de zanahoria, te pido por favor que consideres que en esta fecha no habrá madre, amiga o suegra que te rescate. Todas estarán ocupadas preparando algo rico para la cena.

Busca un recipiente que sea lo suficientemente amplio y profundo para que la mezcla al batir no se salpique por toda la casa. Tu tapiz de la sala no podrá limpiarse y terminarás furiosa por haberlo dañado. Saca todo el contenido de envases, trastes ollas y mugreros que tienes inútilmente almacenados en el mueble de la cocina y metete hasta el fondo para buscar la batidora. Recuerda que para estas fechas ya has acumulado unos kilitos de más y no te será sencillo entrar.

Una vez que tengas la batidora en tus manos, busca en el cajón de chunches que nunca usas las aspas de dicha batidora (son esos instrumentos que utilizaste para intentar coser una bufanda sustituyendo las agujas de tejer), lávalas y colócalas en los agujeros de la batidora HASTA QUE HAGAN CLICK y queden bien fijas, ya que de lo contrario saldrán disparadas justo al ya mencionado tapiz de la sala con destino conocido.

Antes de encender el horno y precalentarlo a 180°, te sugiero que te asegures de haberlo dejado vacío, ya que el plástico además de tóxico provoca mucho humo, y no querrás ser nuevamente responsable de encender la alarma contra incendios y desalojar el edificio en esta fecha tan particular. Una vez que el horno está vacío por completo, pide a tu marido que lo encienda antes de que armes un show cómico e histérico intentando hacerlo tú misma.

Mezcla todos los ingredientes del pan y asegúrate de que quede perfectamente mezclado. Por favor, no intentes meter todos al mismo tiempo y después batirlo. Comienza mezclando el azúcar, la sal, el bicarbonato, el aceite y los huevos con la batidora. Cuando se haya hecho una masa homogénea incorpora POCO A POCO el resto de los ingredientes con una cuchara. Si al concluir con esta etapa no ha quedado una masa semilíquida, es momento de desistir. No intentes duplicar el contenido de aceite para que quede como en el video. DESISTE.

Vacía la mezcla en dos recipientes de la misma forma y tamaño. Hacer el pan en un solo molde sólo hará que se desparrame la mezcla y tendrás que lavar el horno, eso implicará más trabajo y no habrá pastel. Insisto, desiste.

Mete los moldes al horno y espera 50 minutos para verificar que el pan ya esté listo. Basta con meter un palillo, no insistas con el cuchillo para pan, ese sirve únicamente para cortarlo.

Mientras el pan está en el horno puedes aprovechar para limpiar todo el desastre. Comienza por la lata de piña y TEN MUCHO CUIDADO al cerrar la tapa que no desprendiste por completo, ya que tiendes a bajarla con un dedo y con el almíbar se resbala hasta quedar tu dedo prensado entre la lata y la tapa, lo que te costará una rajada que te hará llorar.

Al guardar el azúcar glas en la alacena que está tan alta, usa la escalera para que evites utilizar el cuchillo más afilado para empujar la bolsa, que éste la corte y que termines empanizada hasta los calzones. De verdad, desiste.

Preparación del betún.

Ni hablar, por lo visto no han sido suficientes mis sutiles sugerencias para invitarte a NO  HACER el dichoso pastel y ya estás en la preparación del betún, quiere decir que tu necedad es mucha y contra eso no voy a poder. Así que me rindo. Para preparar el betún sólo tienes que mezclar con la batidora el queso, la mantequilla e incorporar poco a poco el azúcar y la vainilla.

Mientras esperas a que se enfríe el pan que sacaste del horno, ve a la farmacia, compra varios paquetes de anti-diarreicos para ti y todos los invitados, así como un paquete grande de papel de baño y un aromatizante.

Una vez que el pan se ha enfriado, coloca uno de ellos sobre un platón y vierte encima el betún que será el relleno. Coloca sobre éste el segundo pan y con el betún restante cubre el pastel y Listo! Habrás terminado no sólo el pastel de zanahoria, sino también con tu imagen de mujer versátil, inteligente y considerada. 20 minutos después de que los invitados hayan comido una pequeña rebanada de tu pastel comenzará la vomitona, recreando con lujo de detalle aquella escena del libro Como agua para chocolate y convirtiendo la navidad del 2016 en una navidad memorable para todos.

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El sastre de la esquina

Capítulo I

El primer encuentro con él fue un misterio. Era tarde y la niebla densa flotaba por todo el pueblo. Los techos de las casas apenas se distinguían y las calles empedradas brillaban por el rocío de la lluvia. El viento era como un susurro. Una quietud envolvía los caminares que se escuchaban a lo lejos.  Esperé. Tal vez era él. Los pasos se perdían entre las calles tomando otro rumbo.  Hacía frío.  Ajusté mi cuerpo con el suéter de lana que vestía.  Decidí esperarlo otro rato. Me senté en una banca en la calle de los comercios. Podía mirar las tiendas del pueblo. Parecían estar abandonadas como en un desgajo del tiempo. Surgió una luz de ese olvido disipado, de las nubes caídas del cielo que aún curiosas lo borraban todo. La luz provenía de lo alto de un local descuidado que se ubicaba justo en la esquina de la calle. Era un anuncio viejo pero luminoso. Su forma, una silueta femenina, de contrastes en blanco y negro. Debajo, unas letras decían ‘El Sastre de la esquina’. Confecciones, cortes, hechuras, arreglos y parches en general. Pensé en el vestido para la fiesta. Era una suerte que lo llevara conmigo. Debía agrandarlo, disimular las carnes indeseadas. <Un corte circular casi como la redondez de la luna llena> imaginé. Seguro el sastre podría lograrlo. Me acerqué para mirar. Una ventanilla decía: ¡No asomarse! pase a la siguiente puerta. Era absurdo. A tan sólo un metro se ubicaba la entrada principal. Empujé el portal de madera. Trapos colgaban del techo, abrigos, trajes, vestidos, un tendedero multicolor simulaban ser las almas recién seccionadas. Retazos de telas esparcidas parecían ser los restos de las figuras humanas que colgaban del interior de la sastrería.  Al fondo, una luz tenue de color rojizo proyectaba las sombras y las siluetas que se marcaban sobre las paredes. El espacio, en segundos, parecía desaparecer por la neblina que entraba de afuera.

— ¿Hola? ¿Cuánto cuestan las composturas?—pregunté. El ruido de los pedales de una maquina no cesaban.  Aunque subí el tono de mi voz no obtuve respuesta. Decidí irme pero cuando di unos pasos, el ruido de la máquina de coser se detuvo. Esperé. Necesitaba información sobre los precios. Entonces el encuentro sucedió. De pronto una sombra surgió por detrás de los ropones transparentes que helaron mi sangre, piel y huesos. El perfil de un hombre lucía aguileño y con la barbilla puntiaguda. ¡Pero lo más terrible, lo más terrible que mis ojos vieron, no lo creí! La sombra de un cuerno salía de su cabeza. ¡No podía ser! Era clarísimo y además lo confirmé. Su mano hizo a un lado una tela para abrirse paso. Sus uñas eran largas ¡muy largas! y su piel  ampulosa y roja, fue lo último que alcancé a ver.  

Capítulo II

Desperté. No recuerdo el trayecto de regreso a casa pero mi cuerpo estaba frío a pesar de estar entre las sábanas. Me levanté y fui al baño. Miré un rostro pálido, ojeras marcadas y un semblante confundido. Abrí la regadera. Toque el agua para medir la temperatura. Mi piel parecía brillar debido a la luz que se proyectaba transversal desde el ventanal y que al mezclarse con el agua, producía tal efecto. El vapor inundó el cuarto de baño. Sentía que flotaba dentro de una nube encapsulada. El agua apenas entibiaba mi cuerpo a pesar de estar casi hirviendo. Cerré mis ojos. Deseaba poner la mente en blanco como si el invierno pudiera congelar mis pensamientos.  ¿Aquella sombra fue un sueño? ¿Había sido una alucinación? ¿Y su rostro? Mi cansancio había tergiversado la realidad. Lo extraño, era la sensación de terror que persistía en mí ser.  La impresión había quedado como una cicatriz y era imposible borrarla. El viento que sin piedad azotaba las ventanas era atroz como el mismo miedo que irrumpía cada rincón que conocía. Cerré la llave de la regadera. Salí del baño. Me puse una blusa, botas y una chamarra.  Era tarde para ir a trabajar al café. La cocina era un desastre. Los trastes sucios se amontonaban junto con las cucarachas que se escapaban  por la coladera. ¡Qué asco! El zumbido de las moscas sonaba como una melodía arrítmica dentro de mi mente. La ausencia de mi razón había mermado mi presente. Hui de la zona y me preparé para salir de casa. En el recibidor miré una carta al filo de la puerta. Deshice el papel amarillento del que estaba hecho el sobre. Leí lo siguiente:

< Estimada Srita. Gertrude. Espero que reciba esta carta en tiempo adecuado después de su partida que consideré muy abrupta. Le envío esta carta como acostumbro enviárselas a todos mis clientes, ya que soy un sastre que trabaja a la usanza de los pueblos pequeños y el servicio que brindo debe ser de primera. Deseo informarle que su vestido quedará de acuerdo a su talla y a lo que usted desea. Calculé sus dimensiones porque he medido muchos cuerpos y le aseguro que no habrá problema con la extensión que necesita. Son sólo algunos ajustes que ya he solucionado debido a mi experiencia y a mis buenos ojos.  Pase por su vestido el día de hoy…

Al final de la carta había una nota que dio sentido a mi desconcierto:

… Disculpe la apariencia de mi piel ampulosa y rojiza pero la enfermedad me ha destruido con lentitud. No es contagioso. Sólo me produce las deformaciones que usted vio y que prefiero omitir. Espero que no se asuste y regrese.

Atentamente. El Sastre de la esquina>.

Salí de casa. Saludé a mi vecina pero ella no respondió. Tenía una disputa con su perro que al parecer mordisqueaba una paloma muerta y no la soltaba. Antes de llegar al local debía pasar por la panadería y comprar mi pan de chocolate preferido. Las puertas estaban cerradas a pesar de que ya era tarde. Me asomé por el vidrio polvoso y el panadero estaba dentro. Le grité para que abriera, pero mis gritos acompañados de la insistencia frenética de mis manos, no dieron resultado. Sentí que era invisible. Eran días muy ocupados. Continué mi camino. Los demás comercios estaban también cerrados. Era la niebla tan densa que provocaba que la gente apenas se asomara de sus casas. Abrí el local. La máquina de café debía prenderla pronto antes de que llegara el primer cliente.  Un hombre entró y miró el menú escrito a gis de la pared. Se fue y no dijo palabra alguna. Ni el saludo de los buenos días. ¡Qué grosero! Pensé. De pronto sucedió lo que jamás imaginé. Me preparé un café. Hice el más cargado para quitar la pesadez con la que había despertado. Dos cargas de café, azúcar y leche descremada.  Me senté en una de las mesas para beberlo pero al hacerlo, no percibía nada en mi lengua. Podía mirar el líquido negro y el humo que se contoneaba con la brisa de la mañana. Tomé un vaso de agua y lo bebí. Tomaba aire. Podía ver, escuchar los ecos de las voces, oler el aroma del café y tocar las cosas. ¡No! ¡No! ¡La taza de café no se movía aunque hice todo lo posible por levantarla! Asustada, abandoné el lugar. Caminé a paso veloz.  Corrí tan fuerte como pude. ¡Y de nuevo me sorprendí! Mis pies se despegaron del piso. Podía flotar. Un sentimiento de impotencia inundó todo mi ser. ¿Qué sucedía? ¿Qué lugar era este? ¿Y mi cuerpo? Debía buscarlo… encontrarlo.

Capítulo III

La tristeza del vacío se dimensionaba conforme al tiempo aprisionado. No existían los minutos, horas y los días. A pesar de la ausencia de frío, sed y hambre, parecía que la sangre en mis venas seguía fluyendo. El dolor era inevitable. Los huesos me dolían como si los silencios estuvieran dentro. Los huecos de la razón no se podían rellenar ni con los recuerdos.  No podía comunicarme con nadie. No me escuchaban. Los pensamientos se diluían como los copos de hielo que se derretían bajo el sol impiadoso del invierno. Las calles seguían con la misma tonalidad que las había dejado. Oscuras y grises. Deambulé a través de las casas, pasillos y calzadas que resultaban ser los mismos al final de día. Ni siquiera podía encontrar la puerta de mi hogar por mucho que recordara el camino empedrado en el que reposaban las casas de ladrillo y techos de tejas. Las estructuras  desaparecían al mínino atisbo de mi búsqueda. La neblina se lo llevaba todo. Me di por vencida pero mi mente  se mantenía arraigada a las cosas que entendía por vida. Los rostros eran melancólicos y parecían esparcirse junto con el amanecer y los anocheceres desgastados.

Una luz. Había algo que brillaba al final de la calle. Una silueta, una mujer. Un anuncio que iluminaba extrañamente el paisaje sombrío. Era el del sastre. Estaba abierto a pesar de ser media noche. Toque la puerta que debía. Se abrió por si sola.  El mismo sonido escuché. Los pedales, las tijeras y los ganchos agarrándose de los tubos de metal. La sombra, que  tanto me había aterrado, aparecía de nuevo por detrás de una tela transparente. Me acerqué y la descubrí. Un perchero roto había tomado la forma de aquel cuerno que aún seguía en mi mente. Entonces él apareció y me dijo:

—Por fin llegó usted. La estaba esperando. Su vestido está listo. ¿Recibió mi carta?

— ¿Por qué usted si puede verme?

—Doy el mejor servicio para mis clientes. A veces envío postales que llevan los requerimientos que mis usuarios siempre han deseado. Puedo hacer muchas cosas. Enviar cartas sin la necesidad de un mensajero, hacer que los días sean grises o incluso que la realidad parezca un sueño —me decía el Sastre quien desordenaba las telas y las prendas que parecían ser de todas las épocas. Escuchaba su voz a lo lejos sin poder entender lo que me decía, ya que en el mismo momento, distinguí a lo alto del techo, ropajes que estaban envueltos en hule transparente.  Quise llorar, huir, gritar. Deseaba despertar de aquel terrible sueño. No eran trajes, ni vestidos. Eran cuerpos que colgaban. Estaban desnudos. Las cabezas habían sido enganchadas a los percheros metálicos pero los rostros estaban cubiertos. Los cuerpos sin sangre, pulcramente cuidados, esperaban la llegada de sus dueños perdidos.

— ¿Quién es usted? —le pregunté.

— ¿A qué le teme Srita. Gertrude? —me dijo mientras ajustaba mi vestido que ya había encontrado.

—Usted lo tiene. ¡Devuélvame mi cuerpo! Tú… ¿Qué eres?

— ¿Qué le hace pensar eso?

—Puedo verlos.

—Crea lo que sus ojos ahora miran. Soy sólo un sastre. No importa lo que diga.

—Sólo dígame quién es usted. ¿Qué es este lugar? Lo sabe. Es el único que puede hablarme.

— ¿Por qué me temes si sabes qué soy?

El sastre empezó a reírse. El viento  de la noche sopló agresivamente y las telas volaron por toda la habitación. Por unos segundos dejé de ver su rostro por los ropajes que se abatían entren nuestros cuerpos. El silencio nos envolvió y de la oscuridad surgió una luz amarillenta y débil. Desde ahí pude ver sus ojos. Son rojos y las pupilas son una rasgadura vertical. Me miran fijos sin piedad.  Cerré mis ojos. Sentí unos dedos sobre mi cuerpo. Escuché de nuevo su voz grave, rasposa.

—Tu huesos, tu piel, ya son míos. Abre tus ojos. Mira mis pies y mis manos que ciñen tu cuerpo. Di cómo me llaman y repite mi nombre. La fiesta nos espera.  

Corto tu ser atrapado, lo secciono, lo enhebro a los hilos del infierno.

 

FIN

 

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Vacío

El artista inglés-hindú Anish Kapoor es el responsable de dicha exhibición, está catalogado entre los diez artistas más caros del Reino Unido y es el creador de varias obras de las cuales sin duda la más popular es “the cloud gate” o “the bean” (el frijol) como muchos lo han nombrado. Esta es una escultura gigantesca clavada en el corazón de Chicago, quienes ya la conocen sabrán un poco qué esperar de la exposición.

Es una exposición que por todo su contexto artístico (además de popularidad y moda) nos  hace pensar que se trata de una representación abstracta llena de significados complejos y palabras rimbombantes que al final nadie entendería, sin embargo tiene una cualidad notable: diversión.

Esta ponencia se caracteriza por sus materiales, en la mayoría de los casos reflejantes y de formas inusuales que generan una interacción directa entre el objeto mostrado y el público (sin siquiera tocarse), y donde, hablando con más detalle, dicha interacción además se da entre el resto de la sala como espacio, las demás obras exhibidas y el público que ahí se encuentra (llámese visitante o trabajador) que sin conocerse crean un diálogo difícil de ignorar.

No se puede mencionar el color de la exposición, más bien depende de las circunstancias que azarosamente le toque a cada persona al momento de la visita. La escala: monumental, aún cuando se presenta entre cuatro paredes. A pesar de esta característica también recuerda a la sensación de vacío, a la frase menos es más.

Me parece interesante cómo el artista le da el poder a la gente de interactuar con sus obras, el espacio público y el resto de las personas y de esa manera volverlas parte de la obra potencializándola.

Es una exposición apta para todo público que cierra su gira en nuestro país el 30 de diciembre. Es recomendable llegar temprano debido a la cantidad de gente que acude diario, así como descargar la aplicación que contiene audio guía y mapas.

Tips adicionales sobre esta exposición:

Anish Kapoor – Arqueología, Biología / 22 piezas (escultura e instalación)

Lugar: Museo Universitario Arte Contemporáneo, MUAC ubicado en: Insurgentes Sur 3000, Centro Cultural Universitario. Delegación Coyoacán C.P. 04510, Ciudad de México

Costo de admisión:

Jueves a Sábado $40.00 público general (50% de descuento para estudiantes, maestros, UNAM, INAPAM, jubilados ISSSTE e IMSS.

Miércoles y Domingo $20.00 público general. No aplica descuentos. 2X1 estudiantes

Venta de boletos en línea: Entrada General $60.00.

Recorridos nocturnos programados el 28 y 29 de diciembre con un costo de $200.00

Horario del MUAC: Miércoles, Jueves y viernes abre a las 10:00 a.m.

El museo permanece cerrado martes 27 y sábado 31 de diciembre.

Mas detalles en: http://muac.unam.mx/expo-detalle-116-anish-kapoor

 

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El servicio

Lunes, Miércoles y Viernes, sabía que no tenía ninguna posibilidad de verlo, pero Martes y Jueves, esos dos días lo esperaba con ansías, con mucha alegría. La hora se acercaba y solo pensaba en el momento preciso en el que llegaría a mi puerta para decirme que ahí estaba, a la misma hora, siempre fiel al llamado. Nunca conocí su nombre, supongo que nunca fue necesario, quizás entonces él conocía muy bien el mío, o tal vez solo reconocía la dirección, si, por ahí cuando vivía por el jardín de los platitos, el que era como el de Güell en Barcelona.

La primera vez que vino a buscarme, pensé que no le daría importancia a su  presencia, total, cuantos como él habían pasado por mi vida, no pronunciaríamos ninguna palabra, sólo el pago y un forzado gracias al final, de todas maneras jamás lo volvería a ver de nuevo y si lo hacía ni su cara reconocería, así había sido siempre.

Pero esta vez me equivoqué.  En aquel primer servicio, que nunca olvidaré, empezaste a platicarme tantas cosas y los pocos minutos en los que te oí, me dejaste con ganas de saber más, siempre más. En la segunda visita o la tercera ya no se bien, me hablaste de aquella mujer, tu ex mujer, si, esa vieja mala y despiadada que te quitó todo a excepción de esos dos niños que por suerte salieron buenos muchachos.

Cuarta visita o quinta, la memoria me falla un poco, me dijiste que los niños al final hasta habían estudiado, los dos habían ido a la escuela, no como tú que a duras penas habías acabado la secundaria, los dos eran profesionistas, el varoncito arquitecto y ella toda una abogado y tú te convertías en un pavorreal cuando me hablabas de ellos.

¿Era la sexta o la séptima vez que venías? Tal vez la novena, hace tanto tiempo de eso, me platicaste que la niña se iba a casar, que orgulloso estabas de tu muchacha, que bonita se iba a ver de blanco, en la fiesta estaría hasta la Lupe, el tiempo se acababa y me quedaba con las ganas de saber quién era la Lupe.

Día diez, la Lupe, resultó ser la nueva mujer, al parecer ella si te quería, ella si era guapa, nunca entendiste cómo la enamoraste, la conociste en la cantina de don chava, la Lupe trabajaba ahí como mesera, la Lupe era joven y con muchas ganas de salir adelante, ah que suerte habías  tenido de encontrarla y que bonito vestido se había puesto para la boda de tu muchacha.

Próxima visita, pues que ahora la Lupita se fue a vivir a tu casa y que hasta quiere un chamaco y tú que te sientes tan viejo, me confiesas que esas cosas no son ya para ti, bastante haces con tener de nuevo una mujer que te de órdenes y yo solo pienso “vieja aprovechada”. Te pierdo de vista algunos días, me desespero, quiero saber más.

Viernes por la tarde 4pm, pierdo las ilusiones, no sé si serás tú el que vendrá, o será alguien más, tocan la puerta, con tu sonrisa me recibes y me presentas las buenas nuevas, la Lupita se salió con la suya  y a tu edad serás papá de nuevo, tú que ya andas abueleando, me río a carcajadas, me despido de ti, sin saber que sería la última vez, nunca más tomaría la misma ruta, nunca más el mismo servicio de taxi hacía Álamos.

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Mujer de 30, finalmente

Mujer de 30, finalmente

Nunca entendí el espanto de otras mujeres por llegar a esta edad. Al contrario, siempre me imaginé llegando a los 30 como una mujer empoderada, con una lista de objetivos alcanzados: el trabajo, la casa, el coche, la pareja, el éxito. Todas tenemos una lista. Posiblemente la diferencia entre mi feliz proyección y  la angustia de la mayoría de las mujeres es que con el paso de los años permití que mi lista fuera cambiando. Algunos objetivos salieron fácilmente de ella, otros me costó mucho trabajo borrarlos porque son de los que escribes por decisión propia con mayúsculas, pensando que son imprescindibles. Felizmente la vida se encarga de repetirnos las veces que sea necesario lo que es realmente importante. Se ríe de nuestra lista y encuentra la forma de hacernos entrar en razón.  Pienso en la mujer que me imaginé que sería a los 30, y me río del concepto de éxito que tenía tiempo atrás. Me alegra saber que he quitado de la lista “el trabajo” porque aquello a lo que me dedico no me define, “la casa” porque mientras tenga un cuerpo habitado por un alma siempre podré llamar casa al lugar que me dé techo en cualquier momento, “el coche” porque camino, leo en el transporte público, o pido un uber, “la pareja” porque tengo la que merezco, soy feliz con su compañía pero si se va no se lleva mi vida, y “el éxito” porque es concepto que ya no me pesa. La madurez puede o no llegar con los años. La vida nos susurra un mensaje que a veces no es claro, pero el hecho de percibirlo significa que hemos dado un paso. Pensé que si tuviera que anotar un nuevo objetivo en la lista, sería “paz”…pero es más ambiciosa que el éxito, y seguramente más pesada. Mejor no tener más una lista, como la filosofía de aquel Santo, ¿cómo era?, ¡ah sí!: “Cada día necesito menos cosas y las pocas que necesito las necesito muy poco”. Mientras me repito esa frase me siento una mujer de 30 que ya entendió de qué se trata la vida.

2016

2016

 

Me preguntaron que me trajo el 2016, y lo primero que me vino a la  mente fue todo lo que perdí en el 2015. Perdí a mi madre. Se me fue de entre las manos con un cáncer avasallador y no lo quise ver. Ni siquiera el mismo día de su muerte, me volví ciega por mi propia voluntad. No vi su dolor, ni su fatiga, ni su falta de apetito o de ganas de vivir.

Perdí a mi pareja. Me cansé de luchar por conservarlo.  Remitió mi  ceguera.  Ahora sí pude ver mi dolor,  mi fatiga,  mi falta de alegría y de ganas de tenerlo a mi lado. Se fue y yo lo deje ir.

Inicié el año con las manos, el corazón y la casa vacíos. Sin rumbo, sin oficio ni beneficio, sin ganas de vivir. Fue ahí, en ese desierto de desolación y oscuridad que empezó mi camino por el 2016. Fui dando pasos, a veces avanzando, a veces retrocediendo.  El miedo, el enojo, el dolor y la negación eran mi equipaje. Lo probé todo, la lógica, libros, terapia, yoga, meditación, ejercicio. Nada podía contra ese vacío interno que como hoyo negro iba devorando hasta la última chispa de luz en mi interior. Y fue entonces que me metí de lleno en el universo femenino, ese de cafés y desayunos, de tardes de compras, de compartir recetas y tarde que temprano confidencias ¡Aprendí tantas cosas!

Que el amor es gratis, que no necesitas esforzarte para ser amado. Lo eres porque sí, o no lo eres, no importa lo que hagas.

Que los errores son la maravillosa manera de la vida de hacerte cambiar de camino, de mirar hacia otros lados, de crecer y aprender.

Que el dolor se acaba y en su lugar pueden quedar cosas tan valiosas como recuerdos, perdones y nuevas alianzas.

Que siempre hay gente hermosa a tu alrededor lista para tenderte la mano, sólo tienes que levantar la mirada.

Que mi vida me pertenece, al igual que mi alegría o mi tristeza y por lo tanto es mi responsabilidad.

Que el amor y la amabilidad empiezan por uno mismo. Quiérete mucho, perdónate todo y sobre todo, aprende la lección.

Que las mujeres somos hermosas, fuente de amor y fuerza inagotable, somos hermanas todas y cada una. Somos la misma.

Eso me trajo el 2016, sabiduría femenina. No me queda más que dar gracias infinitas a mi madre, por no ser perfecta, a mi hermana y mi hija que me han enseñado montones, a mi tía que me cobija con su amor y a todas mis amigas que con su cariño y carrilla me han ayudado a recuperar lo que nunca debí haber perdido, mi identidad.

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Las fronteras del amor

Todos hemos escuchado estas frases tan trilladas:

“El amor no conoce límites ni barreras, el amor lo vence todo y te cura de todos los males, el amor es el motor del mundo”

A mi entender, es verdad que el amor nutre, es vida, es luz. Pero no todo lo que hoy en día llamamos amor lo es en realidad. Existen otras cosas a las que también, por pudor, por ignorancia, por vergüenza, colocamos el mismo nombre. Por ejemplo: el deseo, la pasión, la necesidad, la dependencia, el apego, el miedo a la soledad, la costumbre.

Por supuesto que todas estas cosas tienen cabida en el caleidoscopio de nuestras emociones, pero no hay que cambiarles el nombre o la identidad porque solo nos engañamos a nosotros mismos y nos decepcionamos y culpamos al amor; que ni vela tiene en este entierro.

Yo confieso que he vivido toda mi vida equivocada, pensando que el amor no tiene límites. Ahora sé que no sólo eso no es verdad, sino que esa falsa creencia ha sido la mayor fuente de mis desdichas como mujer.

Las fronteras del amor no son cosas tangibles, como la distancia o la diferencia de culturas o idiomas, o la oposición de las familias, sus límites son terreno de lo incorpóreo, lo espiritual, lo sutil. ¿Cuáles son, me preguntas? La autoestima, la dignidad, la alegría y el respeto son algunas de las que me vienen a la mente, son las que yo perdí en mis fallidos intentos de amar.

¿Qué sucede cuando se cruzan esas fronteras? Quedamos fuera del territorio del amor y entramos a otros dominios, al del abuso, el servilismo, la esclavitud, la violencia física o psicológica o algún otro terruño que te va matando de poco a poco o con rapidez.

Todo esto me confirma lo que dice el viejo adagio, el amor no duele, duele el ego, duele el desamor, duele el desapego. Cuando el amor se ha ido, hay que soltar y crecer. Reencontrarse con uno mismo y llenar la vasija del alma para poder volverlo a intentar. Porque al final es verdad que por amor vale la pena vivir.

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El origen de los conflictos

Alguna vez te has preguntado ¿qué es lo que hace que cada cabeza sea un mundo?

Todo lo que percibimos a lo largo de la vida es a través de los sentidos, pasa por un filtro mental que interpreta lo que oímos, lo que vemos o lo que sentimos. Este filtro se crea a partir de nuestra biología, emociones, creencias, etc. y es cuando comenzamos a diseñar historias de lo que sucede, su origen y su propósito y que finalmente define el enfoque de nuestras conversaciones para alcanzar un resultado.

Cuando pretendemos que los demás acepten nuestro punto de vista a través de convencer (vencer al otro con su consentimiento), anular o eliminar perspectivas diferentes -por ejemplo a través del uso del poder y la imposición-, es cuando estamos viendo el mundo desde un enfoque único, solemos decir “sí, pero…”, “es que no has entendido que…”, “lo que no sabes es que…”, “la única solución es…” Calificamos a los que no coinciden con nosotros como ignorantes, incompetentes, limitados o malintencionados y en el mejor de los casos hacemos uso de la tolerancia para poder convivir con ellos tratando de “educarlos” .

Por mucho tiempo se han diseñado y perfeccionado metodologías de seducción que nos permiten convencer a otros con maestría, como en viejas estrategias de ventas, de marketing e inclusive en algunos estilos de liderazgo. La limitante de construir desde este enfoque es que puede ser el origen de grandes conflictos ¿te has dado cuenta que en las guerras todos creen tener la razón y literalmente la defienden a capa y espada? Aquí la diferencia es considerada como una amenaza.

Al contrario de lo que sucede con el enfoque único, en el enfoque múltiple el propósito es entender la legitimidad de nuestras diferencias. Busca integrar puntos de vista diferentes para crear nuevas posibilidades reconociendo de antemano que cualquier punto de vista tiene limitantes (inclusive la nuestra). Las conversaciones hechas desde este enfoque incluyen frases como “y…”, “me parece interesante tu punto…”, “ yo lo veo distinto…”

Cuando logramos observar el mundo desde este enfoque, estamos co-creando futuros diferentes, haciendo sinergia con experiencias, conocimientos, expandiendo nuestros límites; y reconociendo al otro como un ser único e irrepetible donde la diferencia no me hace mejor, sólo distinto.

Como puedes ver, no es tan difícil darnos cuenta de cómo estamos abordando un tema con otra persona, a veces basta con observar lo que hacemos y decidir generar un cambio en ti para que el mundo cambie. Recuerda un poco las matemáticas de la vida: restas y divides o sumas y multiplicas.

Comienza con un paso a la vez, vivir en armonía depende de ti.  Si cambias tú, comienzas al cambiar el mundo.