Categoría: Letras Libres

CaresuDiadeMuertos

“Hoy como ayer”

“Las heridas mortales tienen la particularidad de que se

Ocultan, pero no se cierran; siempre dolorosas, siempre

Prontas a sangrar cuando se les toca, quedan vivas y

Abiertas en el corazón” (Alejandro Dumas)

Como todos los días los intervalos danzan en una melodía casi audible con la parsimonia de un flor, los aromas fluctuaban entre las grietas del ayer y el hoy, pasando por los recovecos de las notas sueltas en una partitura y ahí estaba parada en medio del paisaje, una figura que se difuminaba en el aire, olía a crisantemos esa mañana de Octubre, había andado tanto para verle ahí y llegó como siempre tarde a la cita concertada, esa figura gris partía la ilusión que se había formado.

Parecía que la suma de la experiencia y la indiferencia se habían depositado en su rostro, tenía surcos como los que se hacen las cascadas en las rocas cuando el agua acaricia su corteza,  en su espalda se depositaba el  silencio del desierto donde no podría construir más nidos.

Las emociones que tenía eran clamorosos capullos rodeados de ortigas, miles de cuestionamientos se posaban en las sienes y debía cruzar en solitario sólo alumbrada por la tenue luz de la lámpara de la esperanza aquel camino que había tomado, quizá arrojada por el combate diario de la rutina o por el calor del egoísmo de una fragante ilusión que le había llevado a cavar aquel funesto destino, parecía un mal sueño…

Trataba de quitar la sutil capa que se hace a las remembranzas, como el golpeteo de un arqueólogo que intenta descubrir que hay debajo de cada uno, parecía un rompecabezas sobre la mesa, desordenado y las piezas no encajaban o faltaban, quizá no sabía qué hacer con todo ello ya que las promesas de juventud eran hoy como los poblados deshabitados que sólo quedan casas en ruinas  y los salicores los dueños del lugar, no recordaba cómo eran los colores del silencio. Tenía el corazón con la última llama que se apagaría, después de eso sólo habría silencio, vacio y nada más.

Estaba ahí depositado en la tierra que amaba,  el peaje de su camino había llegado a su fin, una lápida sobre un montículo de tierra  denotaba que hacia pocas lunas había caído en el sueño de los justos y con él se había ido una parte de ella, ese lado que sólo mostraba pocas veces, como cuando es visible el arcoíris después de esos días donde el cielo llora.

Había una lápida gris con un nombre y años solamente, con letras blancas que resaltaban la importancia de la roca,  tenía por cortejo unas flores de cempazúchil que daban toques de sol al lugar, unos cirios apostados como soldados en guardia, firmes y observantes, resguardándolo todo, dulces de mil sabores y en el odre negro mezcal, sobre los platos de barro se podía mirar mole, calabaza en tacha, arroz y tortillas azules al lado, majestuosamente puesta invitando al festín a vivos y difuntos, a lo lejos se escuchaba una guitarra cantar…de pronto observó algo que la dejó helada…

Se preguntó entonces ¿Qué continuaría ahora?, existía una oquedad en el centro de su pecho, había crecido con el paso del tiempo, creando alrededor una especie de coraza cada día más alta e impenetrable, era necesario para su supervivencia mantenerlo así, sólo él podía entrar,  con el suave roce de su piel, el aroma que tenía cándido y tierno como un beso, ahora vivía en sus memorias. Anidaba ahí el profundo deseo en vigilia siempre, como fiel compañero en las noches más obscuras.

Perdió la noción de los años ausente ¿Fue un lustro, una década o un siglo? , lo cierto era que al partir era una edad donde los sueños pueden ser realidad y se  observan con los catalejos del canto del ruiseñor, todos parecen ser tan vividos y reales que dan un impulso casi nato a continuar creciendo, cabalgando en la osadía pero llega un momento en que esto termina y se mira en el espejo lo que hay, lo que se tiene y dentro de uno existe una parte que ha dejado de esperar envolviéndose  en la monotonía de actuar en un mundo que alguna vez se vio tan lejano y hoy estaba frente a él, siendo parte del montaje en que era la obra y actuaba en ella sin haber pedido quizás aquel papel.

Giro su rostro para ver algo que llamó su atención y miró en la distancia una vereda que daba la impresión de ser como esas viejas fotografías que el tiempo va vistiendo con nuevos colores y texturas, el instante capturado no era un preso doliente sino un vago momento, que es semejante al camino alto hacia la colina, donde prometió que siempre esperaría él, siendo el pecho que deseaba y el tributo esperado, recordó que era el sitio donde se encontraban y amaron tantas veces.

Dirigió sus pasos vacilantes como las tardes de verano en la playa, camino hasta el punto donde podía mirarse todo el pueblo, con sus techos granate de dos aguas, blancas paredes circundaban las casas, las chimeneas a las afueras donde había un obrador, una panadería, el herrero y todo permanecía como las pinturas de Velázquez, los aromas seguían tan vivos como los extrajo de su memoria, cada flor, cada árbol y cada palmo del bosque seguía ahí como mudos testigos, con la misma sagacidad de un tiempo atrás, cerró los ojos y aspirando profundamente pensó que los antiguos combatientes  atravesaban las planicies con el fervor de un santo y el desdén de un condenado, llevados por el simple deseo de buscar, encontrar y poseerlo todo, continúo su andar con el pecho absorbido de pequeñas turbaciones, el día comenzaba a dormitar, como la trayectoria natural de una caravana en el desierto, quizá los negros presagios que pesaban por su mente se debían a su forma actual desdeñosa y turbia, había dejado de brillar hacía tantos ayeres que la metamorfosis sufrida se había llevado la lozanía de los olivos, en ese instante sintió que no tendría patria alguna,  continuar  bajo esa piel prisionera del fragor de la tempestad sería como aquel caracol que no alcanza a subir a la rama del árbol, por más que lo intenta no consigue.

Al descender y regresar rumbo a casa, anduvo sobre la grava cuyo pequeño chasquido al tocar los guijarros dan la impresión de tipear sollozos que fluyen como los minutos en los recovecos de la memoria, esos que se quieren silenciar para no despertar la sospecha que en cualquier momento el dique será abierto y de el brotará todas las lágrimas contenidas vaciándose  para ahogar los jardines del interior a tal punto que después sea difícil de contener nuevamente.

Pero ya era imposible, había ocurrido, empezó a agrietarse, por donde menos pensó el cataclismo en lo recóndito y sucedió, empezó el manantial a limpiar todo a su paso y llevándose troncos, piedras, hojarasca etc.  todo lo que en el pecho se guarda por años y está ahí como astilla en el dedo, molestando y empezando a hincharse pero después del nivel más alto de dolor, se acostumbra uno a tenerlo adormecido, amoratado siendo parte de la cotidianidad que después es un recuerdo apagado, entonces  el dedo enfermo y putrefacto, sigue ahí , pero con ignorarlo se cree que es suficiente entonces llega un día en que no se puede más y es necesario amputar para evitar una infección mayor pero esto no aligera la carga, porque la falange amorfa continúa siendo parte de uno mismo, siempre dispuesta a asistir a la invitación de cambiar el sentido de las cosas y del mundo, asir la cosas con nuevos enfoques reconocer la necesidad de despedirse, de lo establecido y empezar algo nuevo, por eso le dolía tanto no estar en aquella cita, pasaba las hojas del calendario sin ver, reprochándose no llegar a tiempo y cuando por fin tuvo la lucidez era tarde, como esas rosas de mayo que ya no florecen hasta a siguiente primavera , entonces sin darse cuenta llegó al lugar que la dejó helada, sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, un ventarrón arrojo lejos la bufanda y al caer cerca de una lápida observó el nombre y la fecha… pero ¡¿cómo era posible?!,  ¿En qué momento había ocurrido?… ella estaba parada frente a…IMPOSIBLE!!!  Se decía y clamaba, cuando de pronto enfoco la vista y…

Estaba de pie con el traje de gala que uso una vez,  se veía perfecto él, alto, de figura vigorosa, espalda ancha sus brazos delineados con cincel, sus hombros reconciliaban la sagacidad con el placer y la inocencia, tenía una mirada que incendiaba los soles en verano, con un halo  de oscuridad alrededor de ellos, las cejas pobladas demarcaban su rostro con fiereza, sus mejillas revestidas  por una barba profunda color otoño y de su cabeza colgaban rizos largos del misma tonalidad de  su barba, desde que se vieron comprendió las palabras de Shakespeare: “HAY PARA MI MÁS PELIGRO, EN TUS OJOS QUE EN AFRONTAR VEINTE ESPADAS DESNUDAS. CONCEDEME TAN SÓLO UNA DULCE MIRADA Y ESO ME BASTA PARA DESAFIAR EL FUROR DE TODOS.”  … ¿Cómo era posible? Era producto de un deseo o ¿estaba ahí…?

               Se acerco con sumo cuidado a la mano extendida, parecía la invitación entonces rozó sus manos apenas, provocando que su ser se estremeciera de pies a cabeza, al sentir el suave toque de su piel era como acariciar los campos de trigo, le tomó por el talle y empezaron a bailar al ritmo de la música, vuelta, risas por doquier todos estaban en frenesí, terminó el vals y le besó apasionadamente como siempre, fue entonces cuando preguntó:

 -¿Es una mala pasada eso?- señalando la lápida…

– No, escucha con atención;  Respondió él con la voz que le hacía caer en una vorágine  profunda, con ese dulce mareo que provocaba tenerlo cerca.

Agregó él:

– “Duda que sean fuego las estrellas, duda que el sol se mueva, duda que la verdad sea mentira, pero no dudes jamás de que te amo” [Shakespeare Romeo y Julieta]

– ¿Entonces?, preguntó ella con expectación.

Añadió él citando otro autor:

–  ¿Sabes a qué has venido hoy… [ ]? Has venido aquí a morir. Hoy tenías una cita con tu destino. Sería tan absurdo como pensar que gotearían tus ojos cuando ¿te duele el corazón no?.  Hace ¿Cuánto tiempo que no comes, duermes o te sientes cansada? ¿No te lo has preguntado?, ¿Hace cuántos soles que caminas sin parar? ¿Cómo es que llegaste aquí?, he ahí la respuesta…

Sintió como un balde de agua fría bañaba todo su ser, las respuestas golpeteaban la puerta de su cerebro y temía dejarlas entrar porque una vez instaladas en ahí jamás se partirían, empezó a ver como su vida pasaba frente a ella como una película en un autocínema mudo donde la luz del proyector es todo lo que ilumina el lugar, vio rostros familiares y no tanto, amigos de su infancia que el tiempo guardo en el tercer cajón de su adolescencia, sus amados caballos, la primera  ilusión, sus hijos, su vida entera , el hecho de que partieran juntos y él, como el dueño perfecto de todo lo que era ella, entonces en el último crisol se mostró como había llegado ahí…así suavemente dejó este mundo como se despide el otoño, sentado en la rodillas del invierno, era ya muy vieja para andar, agradeció volver a florecer por un instante, y recordar los buenos tiempos en que fue tan feliz.

Por un momento fue joven, de nuevo y observó que todos llevamos en nuestro ser parte de cada uno de los tocamos en nuestra vida, son células de nosotros mismos, esa chispa que surge cuando conocemos alguien es memoria de una vida pasada, el alma reconoce al amigo tan amado, al hermano, al hijo o al amante de un tiempo atrás todos estamos concatenados en una secuencia de actos del universo, nadie es un verso suelto, formamos parte del mismo poema escrito por Dios, ahora todo límpido y estaba en paz.

Había regresado a su hogar, con quien amaba y estuvo presente siempre, con un bagaje de decisiones y pulsaciones que hoy estaban enterradas bajo esa tierra, para volver a ser polvo y trotamundos de otra forma.

La brisa con su voz mecía las ramas de los árboles y los sauces responden lanzando al espacio un trino, reclinan su cabeza en la columna de la memoria, resplandecen a la luz de la aurora, ambas lápidas estaba juntas, como siempre desearon, juntos en esta vida y todas las demás.

Entonces  permanecieron inertes ante el tiempo que mira pasar un océano de invisibles orillas en el  mar donde la espuma es como la ilusión de una piedra preciosa, cerró los ojos, una luz proveniente de lo alto irradió un sendero claro, ambos caminaron hacia la luz eterna.

19s2

Jud Garrido

A un mes 19s…

La primeras noches fueron de insomnio, por salir a las brigadas a ayudar o porque qué tal que no escuchaba la alerta sísmica a tiempo, o qué tal que empezaba a temblar y no sonaba la alerta… mi cabeza sólo pensaba cómo hacer más para ayudar, mi corazón se alegraba hasta las lágrimas de sentir el de mi hijo latir a mi lado y saber a salvo a mi gente; se encogía de dolor cuando compartía momentos con las personas al no querer alejarse de sus hogares a punto de colapsar por que habían sacrificado tanto para tenerlo. Mi alma se rompía por completo al ver a las familias esperar por sus seres queridos, ¿de dónde se toma la fuerza para soportar eso?

Pero la vida sigue a pesar de las pérdidas, y uno recuerda el valor de los que hoy están y de lo que hoy tenemos. Reconstruir no sólo muros, también vidas, no es fácil. Si no olvidamos que no sólo en las catástrofes, también en el día a día hay personas reconstruyendo, y ayudamos de alguna forma, el nuevo panorama puede ser mejor.

19s5

19S +1M +1D

A un mes y un día del 19s diré…

Confieso que tengo empatía con los temblores, quizá tiene algo que ver mi signo zodiacal y el elemento que lo representa. Quién sabe, pero a mí me gustan los terremotos.

Me gusta que ocurran intempestivamente. Siempre inoportunos. Me gusta que el hombre apenas pueda anticiparlos con segundos antes de que se presenten, con toda su fuerza. Y es que así son, no hay manera de predecirlos, simplemente ocurren. Puedes ir caminando por el mundo en un día cotidiano, pensando en el menú de la comida, el gasto, la tarea, el gato y de pronto, ¡zaz! La tierra se sacude.

Me gusta su carácter implacable. No distinguen condición, talla, peso, color, estado de ánimo, no son selectivos en ninguna manera.

Aparecen como un escalofrío de la tierra que a veces sentimos suave y a veces parece advertirnos “agárrense piojos, que ahí les va el peine”.

Los temblores despiertan conciencias, reúnen familias, afloran todo lo bueno y todo lo malo que somos, nos recuerdan que todo es impermanente, nos enseña que en unos cuantos segundos estructuras que parecían sólidas se desmoronan, nos estremece para que revisemos nuestros armazones internos, el sostén de las ideas sobre las que moldeamos nuestra personalidad y nuestro actuar. Son siempre una invitación a tirar al suelo aquello que construimos y que ya no nos funciona en la vida; a reforzar lo que se ha dañado y aún nos importa; a reedificar lo que se nos desmoronó. Los temblores nos convierten en cardumen, donde el colectivo es más importante que el individuo. Desde ahí nos reconstruimos.

Lasolenumerosprimos

Reseña de “La soledad de los números primos”

“Sí, lo había aprendido. Las decisiones se toman en unos segundos y se pagan el resto de la vida”.

Paolo Giordano

Historia de amor basada en la romántica idea de un amor que “siempre está ahí” aunque nunca esté en realidad; una persona que te saca de la nostalgia pero nunca de la soledad. Ésta se apoya en el concepto de los números primos, (de ahí el nombre), donde cada pareja de primos gemelos están “condenados” a estar siempre cerca pero nunca juntos.

La considero una historia con la que muchos podríamos identificarnos de alguna manera, la necesidad, y/o casualidad, de tener un amor que te reconforte en los momentos de aflicción.

También me parece interesante la manera en la que el autor equipara una historia de amor con las matemáticas, considero que la hace una historia ingeniosa e incluso fácil de entender. Sin embargo también me hace reflexionar, ¿en realidad las personas como las ciencias exactas estamos destinados a algo y sólo eso?, ¿No tenemos decisión sobre nuestro futuro?, ¿Qué tanto usamos de pretexto al destino para no decidir ni hacernos responsables de nuestros actos?

Asimismo pienso en como cada personalidad moldea y demuestra el amor de distinta manera, nuestra historia de vida nos marca y con ello nuestro andar y nuestra esencia. De esta manera se observa como los protagonistas de ésta narración quedan marcados por hechos dolorosos en su infancia y a partir de ahi, marcan una pauta en su manera de seguir por la vida.

De igual manera me hace recordar “la ley de atracción”, que no sólo pasa en la física, también con las personas; existen relaciones difíciles,  mientras que otras fluyen de manera suave y misteriosa. Pienso que hay personas con las que la química es indiscutible y que en contra de eso nada se puede hacer.

Considero que es un libro que vale completamente la pena leer, no sólo por la ola reflexiva a la que te lleva, sino también por el placer de leer una historia de amor algo estereotipada y aún así bastante cercana a la realidad.

Datos curiosos del autor:

Paolo Giordano, italiano, físico y con veintiséis años en el momento de escribir esta historia. Galardonado con el premio Strega de narrativa 2008; ha despertado mucho interés después de esta novela la cual es conocida mundialmente.

Datos bibliográficos:
Autor: Paolo Giordano
Editorial: Ediciones Salamandra, 2009
1° edición, febrero 2009
20° edición, noviembre 2013, España
Traducción, Juan Manuel Salmerón Arjona
ISBN 978-84-9838-205-1
Impreso en España

Momo

Reseña de “Momo”

Momo, ¡vaya título!… esas 4 letras (y unas cuantas más del nombre del autor), no te adelanta nada sobre la historia que contiene este libro publicado en 1973. Al girar el libro, en su contraportada se describe un contexto de una historia “normal”, no parece nada del otro mundo. La sorpresa que guarda este libro es la veracidad de sus palabras colocadas en un ambiente ficticio pero que de alguna forma es tan acorde a la realidad.

El libro se divide en 3 partes, en el inicio presenta a nuestra protagonista, una pequeña de nombre Momo, y a los demás personajes humanos, el autor nos cuenta cómo viven en la ciudad. La segunda parte hace oficial el nombre de nuestros antagonistas: “los hombres grises”, esas personas que nos van robando sin que nos demos cuenta, casi como un banco. En la tercera parte nos muestra la solución a todos los problemas de Momo y sus amigos, a través del desarrollo de todos estos temas de la vida cotidiana, como aprender a ser felices, la insatisfacción que ocurre cuando se llega a cierto punto de nuestras vidas en el que esperábamos tener resuelta la vida, haber cumplido con la expectativa, y sin embargo esto no ocurre en realidad; todo enlazado con la idea del tiempo, que es el concepto principal en esta historia.

Momo es un libro que se encuentra en los catálogos de literatura infantil, como un cuento clásico, sin embargo creo que es un libro que no tiene restricción de edad, todos deberían leer la historia de Momo, los niños y los adultos, se puede por la ágil narrativa que nos ofrece Michael Ende aunque incluye un mensaje tan grande y que confirma que todas esas divagaciones que pensamos cuando estamos sin nada que hacer, tienen algo de verdad,  que no somos los únicos en preocuparse o cometer errores banales, que siempre, siempre, siempre hay que disfrutar el tiempo que tenemos y a aquellos con los que lo compartimos.

Datos Bibliográficos

Título: “Momo”
Autor: Michael Ende
Editorial: ALFAGUARA
ISBN: 978-607-313-560-3
Impreso en México
Total de Páginas: 320

Banderazul2

Mi primer bandera azul

Vacacionar o viajar a alguna playa siempre lo he considerado todo un dilema, el clima y las multitudes pueden ser un factor determinante en el momento de poder disfrutar el lugar.

A veces pareciera que en el mundo las playas más bonitas son sólo las más populares, sin embargo, alejarnos de los clichés y estereotipos puede traernos sorpresas increíbles.

Existe una playa en Los Cabos llamada “El Chileno”, digna de convertirse en la favorita de cualquiera: niños, adultos, ancianos, amantes de los deportes extremos, de los que gustan de la relajación, etc.

La bandera azul o Blue Flag es un reconocimiento que otorga la Fundación Europea de Educación Ambiental a playas y puertos que cuenten con ciertas condiciones entre las que destacan:

  • Accesibilidad para discapacitados como son rampas y sillas de ruedas especiales para sumergirse en arena y mar.
  • Agua limpia libre de residuos, en esta playa es muy común realizar esnórquel y buceo por la claridad del agua y abundancia de fauna marina por los corales que se encuentran bastante cerca de la playa.
  • Libre de comercio ambulante, y aunque para muchos podría ser un punto en contra, la libertad de llegar a una playa donde puedes llevar los alimentos tal y como te gustan y hacer picnic en la playa en sus respectivas palapas ya instaladas merece la pena.
  • Libre de basura, eso significa que cada uno de los recipientes y desechos que lleves ahí y deseches, tendrá que ser colocado en su respectivo bote de basura; orgánico o inorgánico.
  • Baños limpios y regaderas gratis.
  • Servicios médicos.

Este tipo de playas le regalan al visitante una experiencia distinta a la común, nos hace darnos cuenta que existen varias formas de diversión en las que disfrutemos la playa en sí y no las actividades creadas por el hombre en la que siempre hay cierto pago monetario de por medio, nos regala experiencias sensoriales y vínculos con el lugar, así como espectaculares paisajes.

“El Chileno” se encuentra en el km 14.5 del corredor turístico entre San José del Cabo y Cabo San Lucas.

Recomendaciones: llevar equipo de esnórquel para los que gusten de esa actividad, mantas y toallas para sentarse en la arena, así como comida suficiente y de su preferencia para el tiempo que pasen ahí.

Recomendaciones extra: respetar las instrucciones dadas como levantar su basura y no llevar mascotas.

Respetemos y cuidemos de estos sitios que se preocupan por mantener un ecosistema limpio y sano, así como por la diversión y disfrute de las personas, apoyemos estos proyectos promoviéndolos no sólo para que más personas los disfruten, también para hacer consciencia y poder hacer de la bandera azul un común de las playas turísticas.

El panzón

El panzón.

La dicha de enseñar y aprender me viene del abuelo. Es como si su facilidad de palabra me hubiera ido penetrando la lengua y al final se fuera haciendo una costumbre en mi caminar. Hablar para convencer, platicar por el placer y el discutir para defender. Me vienen del lado materno tantas cosas.

Al panzón le gustaba inventar historias, las presentaba de una manera tan real que toda mi infancia viví creyéndolas. La que más me gustaba sin duda era la del tiburón y hoy en día, aunque soy ya una adulta, sigo pensando muy en el fondo de mi corazón que todo sucedió como él nos lo había contado.

El verano en Sudcalifornia es literalmente como el origen de la palabra misma “un horno caliente”, nos situamos entonces en esa época del año en donde los palmares dejan de bailar y el único remedio a “la calor” resulta un buen chapuzón a orillas del mar de cortés. Por ahí de los años cincuenta todos los jóvenes del pueblo acompañaban a sus padres a la pesca, por el trabajo o cuando el día lo ameritaba  eran los amigos los que se reunían para ir a sacar algún fruto del mar.

Aquel día Manuelito Davis había ido de día de pesca con “el cayito” su amigo de la infancia. Habían salido temprano hacia la isla del Carmen, la mañana había transcurrido tranquilamente, pero por cuestiones de mareas y del destino propio, habían entrado sin querer a ese lugar que muchos llaman la cueva, esa formación rocosa en la isla en donde el mar y la tierra se unen para formar un espacio oscuro y tenebroso.

El abuelo no tenía miedo ¿cómo iba a tenerlo? si lo inglés de su apellido no era sólo el nombre sino también la sangre pirata que corría por sus venas. El amigo cayito temblaba del espanto que lo había empezado a poseer y este creció cuando se dio cuenta que en la cueva había un tercer integrante, un tiburón gris con unos dientes gigantes, con una aleta que inspiraba respeto y con un hambre marca diablo. El abuelo lógicamente ni corto ni perezoso se lanzó al agua para defender al amigo y así evitar ser comidos por el inmenso animal.

La pelea fue épica, con un pequeño cuchillo el abuelo pudo matar al feroz atacante y así resultar victorioso después de largas horas de batalla, el único pequeño rasguño que sufrió fue una mordida en el pulgar de la mano derecha de la cual nunca pudo recuperarse. A pesar de que el monstruo marino no pudo arrancarle el dedo, este quedo como una almohadita maleable, suave y aguada.

Al pasar de los años no recuerdo quien me contó la verdadera historia, el panzón había ido a pescar cierto, el amigo cayito lo acompañaba (también era verdad), sólo que nunca existió el tiburón, en realidad el abuelo se había él mismo enterrado el anzuelo en el dedo tratando de preparar su caña. Por suerte un dentista que estaba de pasada por el pueblo lo atendió y con su poca habilidad para saturar dedos pudo evitarle mucho sufrimiento. Sin embargo, digamos que el dedo no quedo perfecto.

A mí me gustaba dormir con el abuelo, tocar su pulgar y escuchar una y otra vez la historia del tiburón, pues segura estaba que nadie tenía un abuelo tan valiente como el mío. Me gusta seguir creyendo que mi abuelo, hace algunos ayeres, salvó a su amigo de ser comido y que entonces cuando él está cerca no corro ningún peligro, así no pueda tocarlo.

Alcanzarlo

Alcanzarlo… asirlo… quizá…

Eso nunca sucederá. ¿Quién es capaz de mover los bosques

y de alinear en batalla los árboles separando

sus raíces de la tierra que las cubre? 

(Macbeth, act. 4 , esc.1)

El viento llora en busca de los molinos, su voz duele en la piel como el raspar de una lija en la madera, el eco que entona es doliente, quizá busca la mano suave que acaricié el terciopelo del silencio para entonar por última vez el vals negro.

El frío que lo acompaña cala en los huesos, la nieve cubre todo el paraje no hay rastro próximo de otro ser humano en varias millas, los árboles han quedado desprovistos de su follaje, las ramas parecen pequeños huérfanos esperando ser acogidos en cálidos brazos. Nada de esto sucederá hasta la próxima primavera, las huellas han sido cubiertas nuevamente por la nevisca como si quisiera sólo para ella  el toque sutil de su andar, cada vez pesa más  esperar y continuar, de pronto como un espejismo de su juventud a lo lejos divisó una cueva o un hueco, no alcanzaba a distinguir,  parecía una galerna que se acercaba así que con todas sus fuerzas corrió hasta que no pudo más y entonces como un suspiro le abandonaron…

Al despertar no sabía exactamente dónde estaba, ¿había muerto?… ¿fue un mal sueño?… estaba revestido con ropa cálida y diferente cerca del fogón. Sintió como cada molécula de su cuerpo vibraba en suave melodía y los átomos de su ser hacían música, empezaba a sentirse vivo de nuevo, eso le tranquilizó y al mismo tiempo una duda estallaba en el cosmos de su frente que produjo una sensación desasosiego ¿Cómo diablos había llegado ahí?… se enderezó y observó la cueva.

Palmó las paredes que se sentían semejantes a las palabras ásperas que salieron tantas veces de su boca a tiempo y en destiempo, el color de éstas era café oscuro  como fondo de una pileta donde jugaba en su tierna infancia. no era de gran tamaño aquello que sus ojos alcanzaban a distinguir así que asió una vara del fogón y alumbró más allá de donde estaba. El aroma que inundaba el ambiente completo. Cuando intentó caminar e investigar una mano le detuvo, volvió azorado el rostro y contempló la imagen de una anciana de baja estatura, cuyo rostro    tenía los surcos que deja el agua en las rocas, conservaban aún el brillo de la nieve en invierno, de sus labios brotó una voz como si tejiera una canción de cuna, su cabello tenía el tono que conserva la paja cuando está guardada, hace muchos años tendría el color del fuego de la impaciencia y hoy era un recuerdo apagado, uno que no duele. Tenía ropa fresca, poco convencional para el frio, de hilo burdo teñido de verde, largo y amplio, sin ser lo suficientemente largo, dejaba ver su calzado color negro. Lo invitó a sentarse de nuevo.

Le dijo la anciana sin preguntar su nombre;

̶  No importa cómo te llamen si no lo que has hecho con él, las vidas que has tocado y más las que has dejado marcadas para bien o para mal.

En ese instante al sonar de la voz de la anciana como el shofar  sintió un fuerte golpe en el pecho semejante a cuando un árbol cae demolido por la sierra y pudo escuchar cómo se desgajaba algo muy dentro de él, tomó aire y exclamó:

̶  Buena mujer, ¿cómo debo llamarte para así mismo decirte mi nombre?

La anciana exclamó:

̶  No has entendido de inicio esta charla, estás aquí por una razón y con un propósito. Tomarás un sendero diferente después de hoy, quizá te pierdas en el laberinto de la mente, quizá seas el mismo de siempre, pero antes será necesario que nades en los ríos en los que podrás encontrar un nuevo desierto, en el que  la melodía resuene nuevamente y aquello que has tenido en desuso se estremezca como los cañaverales en nítida vibración sinfónica. Cuando transcurran tres jornadas volverás a este lugar quizá con la locura de la diosa Hibris donde el lote a pagar sea parte de la felicidad o del infortunio. Aracne te acompañará y visitarás también a las Moiras…

El joven estaba  boquiabierto no entendía nada de lo que estaba sucediendo a su  alrededor, sólo podía escuchar el estruendo de su corazón como mil tambores en batallón que en cualquier momento detendrán el redoble. Lo que seguiría le aterraba, ese sentimiento de incertidumbre lo había acompañado toda la vida, jugarse la existencia en un volado había marcado su adolescencia que hoy parecía un sueño tan lejano, como de otra época, en otro cuerpo, pero no… había sido en su vida y dejó una cicatriz tan profunda que endureció una parte de su rostro y  el brillo de sus ojos había cambiado. Preguntò entonces.

 ̶  ¿Aracne? ¿Acaso es?…

La anciana respondió:

̶  Ella fue  quien enseñó a  las Moiras a tejer los hilos del destino, su telar es perfecto, resistente y hoy sigue atrayendo con sus formas cilíndricas  a los hombres, te llevará a tu destino, deberás tomar esta agua, aquí te espero…

El joven pensó que era una locura, mejor debía tomar algo caliente, dormir y mañana partir cuando la ventisca bajara, no quería insultar a la anciana ni contradecirla, todo aquello que decía no tenía sentido, pero muy dentro sabía que necesitaba que la batalla terminara y dejar de sentir en soledad.

Tomó el recipiente tosco, de color amarillo, lastimaba un poco el borde rojo de su boca, bebió la infusión y empezó a sentir como  los minutos se extendían como un lamento largo, el sueño le tomó en brazos y lo llevó a reposar a verdes praderas donde ni un vendaval podría alejarlo de ahí. Aracne le tendió la mano y lo invitó a continuar andando a su paso, tocaba con las yemas de los dedos rosas, anémonas, narcisos y un ciclamen.  Anduvieron, cuando se paró al borde del río Estigia, Aracne le indicó que se desvistiera completamente, debía experimentar en todo su ser las aguas gélidas del odio, ellas lo abrazarían y no cesarían de entonar un cántico de mareas bajas, lo llevarían al valle de la tristeza, sentiría las heridas más profundas que supura el alma, le advirtió que recordaría rostros, nombres, escenas y sentimientos albergados en lo insondable de su médula.

Se quitó la ropa poco a poco hasta quedar desprovisto completamente, se sumergió lentamente, dio un grito sordo, desesperado. el hielo quemaba su piel como pequeños alfileres que se enterraban en toda su esencia. El agua helada lo cubrió hasta el cuello,  la otra orilla estaba tan cerca y tan lejos a la vez, empezaba a sentir como el cuerpo entumido, al encontrarse sumergido sin poder alzar el vuelo, simplemente se dejó llevar por el río…

Vio todos los rostros de aquellos que lo ofendieron con desdén y  actuaron como cuando se cava un hoyo y la pala hiere la tierra. Revivió el instante en que el odio se sembró en su corazón y cómo la semilla creció amarga impregnando todo dentro, como la humedad que corrompe el entorno, había sido herido tan abismalmente que todos los puentes de su alma se habían quebrado, la cerrazón de su padre, las patadas que mancillaron su  integridad  y tantos rostros que lastimaron su intimidad. De pronto sintió un jalón que lo regresaba a la vida y percibió que había pasado algo…ya no dolía el pecho como hasta hace unos instantes, ese crujir de ramas en invierno constante que sintió en su pecho largo tiempo estaba desapareciendo, tuvo la sensación de una luz.

Aracne le indicó que debía salir y titiritando de frío buscó una frazada, aunque  sólo encontró una túnica carmín. Se dirigieron hacia el río Flegetonte donde debía purificarse con fuego, era el más difícil de cruzar porque debía perdonarse a sí mismo; sus errores, silencios, pausas, gritos, desquebrajos, omisiones, locura, llanto, todo lo que provocó en otros. Así que con el mismo miedo del anterior escenario entró poco a poco en agua que emanaba fuego, cada paso que avanzaba le cocía la piel, se hacía lento el andar, recordaba los momentos en que se lamentó de las decisiones que había tomado y las consecuencias de ellas,  todos los silencios que mandó al cofre del olvido, que habían mermado su mente como esa cajita de música que repite y repite la misma melodía con la pequeña bailarina llevando el mismo  sentido hasta la eternidad. Tocó esas lágrimas que colocó dentro de una botella que  nunca sacaba. ¿Cuántas cosas por perdonarse?, nadie le había enseñado a eximir y sin embargo giraba esa rueca eternamente, observó como su torso se encendía y la greda de su existencia se hacía polvo… llegó a la otra orilla en un llanto que semejaba a las corrientes del corazón donde se experimenta una ternura emanada como una flor al sol. Experimentó la gratitud del amor, y las aguas del diluvio consiguieron asir las cumbres más elevadas de la pasión.

Sus ojos se llenaron de la niebla resultado de los cambios que había sufrido, tal era su emoción de sentirse ligero, que había nadado sin querer hacia el río Cocito.  Ahí escuchó las lamentaciones en voz de un eco que le pareció familiar como evocando una melodía quebrada, supo de quién era esa voz, cerró los ojos, exhaló, debía continuar…

Llegó al último río Lete, el río más profundo de todos. Si nadaba y era cubierto completamente todo sería borrado de su memoria, quedaría atrapado en un laberinto aún más intrincado que el de Creta, ni siquiera el hilo de Aracne lo podría sacar, era su decisión hasta dónde dejarse tocar y era el equivalente al olvido. Nuevamente quedó desprovisto de todo y con la miseria humana como   única capa, entonces entró en el agua, se mojó hasta los tobillos, deseaba con todas sus fuerzas olvidar lo innecesario, voces, caras, números, pero no su propia historia pues empezaba a comprender que todo lo vivido era la suma de factores y debía ser así para un propósito más grande. Sacudió sus pies, se vistió y siguió a Aracne, faltaba poco para salir pero antes, haría una parada más.

Se quedó anonadado de observar a las tres mujeres: Cloto, Láquesis, Átropos, las Moiras tejían eternamente.  

Átropos tenía la virtud y el poder de cortar el hilo con sus poderosas tijeras de oro, pudo tocar su propio hilo, se sentía vigoroso, eufórico, y a la vez aprensivo, desvelado. Sintió como el agua bañaba sus luceros y por primera vez no era amarga sino dulzona. Átropos  le advirtió que de seguir desbaratando las madejas de los demás estaría a punto de cortar su hilo, sin embargo las oraciones de una madre son escuchadas por los dioses y había tenido una nueva oportunidad.

Era imposible arrancar las raíces de un árbol para librar una batalla personal, en cambio trepar por sus ramas y subir tan alto hasta  ver las estrellas, caminar sobre ellas, vestirse de fresco, ser rayo de luz, gota de agua limpia, así que continuo su camino.

Aracne le regresó al campo verde y despertó del sueño, no había nadie, ni fogón, ni anciana, nada.

Alcanzarlo… asirlo…quizá era su destino e iría en busca de él…

Recogió algunas pertenencias y salió de la cueva, afuera el frío era tolerable y mirando al cielo agradeció a los dioses, su nombre sea quizá de aquel que está leyendo…

 

Marypaisajes

La montaña fantasma

Despertar de madrugada con el cielo repleto de estrellas, de esos cielos que no se ven en las ciudades. Poco a poco la noche clarea y el frío se siente más intenso, es final del invierno. Tres grandes montañas con kilómetros de distancia entre ellas se observan alineadas a la salida del sol, el amanecer a 4,100 metros sobre el nivel del mar es todo un espectáculo y la gente aplaude durante los segundos en los que ocurre. Parece la culminación de una presentación y solo resta disfrutar un poco del sol antes de comenzar el descenso, sin embargo un fenómeno extraño está a punto de ocurrir, la alineación de las montañas con el sol genera  una enorme sombra al final de estas… la montaña fantasma.

Este fenómeno astronómico sucede en el mes de febrero, aproximadamente entre el  7 y 20 del mismo. El lugar: el cerro Tláloc, sitio arqueológico dedicado al dios Tláloc que ahora recién restaurado abre las puertas a la gente para que pueda descubrir este fenómeno.

El cerro Tláloc se encuentra en la división entre el  estado de México, Tlaxcala y Puebla; es más común  subir por Texcoco, sin embargo existen otras rutas alternas aunque más largas como Río Frío.

Además de la montaña fantasma su posición (Sierra Nevada) permite tener vistas increíbles de 360°, la Ciudad de México desde Xochimilco hasta el cerro del Tepeyac; el Estado de México hasta Teotihuacán; Tlaxcala; Puebla y el Iztaccihuatl.

Es un lugar perfecto para los amantes del camping, la naturaleza, el senderismo y deportes extremos.

Entre las recomendaciones mencionamos: subir con suministros necesarios, comida, líquidos, barras energéticas y chocolates para combatir el mal de montaña. Llevar también suficientes capas para abrigarse, ya que aunque el calentamiento global no permite las nevadas, el frío puede ser intenso.

Pastel

Cumpleaños en diciembre

Cumplí un año más. Sólo eso basta para sentirme afortunada y agradecida en esta vida. Unos días antes hice una lista con las personas que he compartido este año y las entrañables de siempre. La lista de personas no fue para nada larga. Fue una breve lista de agradecimientos profundos y cariños sinceros. Confieso ahora que hice esa lista pensando en las personas que me gustaría ver en mi protocolo mortuorio, y es que aunque esas cosas nunca se planean con el detalle que merecen, (porque cuando ocurren son ya, lo que menos importa), bien vale la pena andar por la vida al día, con las cuentas claras y los sentimientos confesados.

Así que convoqué a mi pequeña lista de cariños entrañables para decirles “Gracias” por ser parte de mi vida. Estuvieron los que tenían que estar. Pusimos dos velas que representan pasado y futuro (uno siempre guarda esperanza en el corazón de vivir un poquito más), luego de apagarlas, compartimos el mejor pastel del mundo. Lo digo porque estoy segura que llevaba ingredientes imposibles de encontrar en ninguna otra parte, como montones de historias contadas en desayunos que terminan a las dos de la tarde, lágrimas que sanan el corazón y risas que unen en complicidad, elaborado además por manos mágicas, de una chef bondadosa y sabia.

Sonreí contenta porque estaban las personas que me acompañaron en 2016 cumpliendo el  propósito de ese año que fue hacer nuevos amigos. Siendo totalmente sincera fue: tener amigas y ser una buena amiga para los que ya tenía. Los amigos también son familia, pero las amigas son de verdad un pedacito de cielo sabor chocolate ¿Podría existir algo mejor? Sí, que se junten con la familia, la de sangre y la de las almas que coinciden en un momento mágico con el único propósito de festejar la vida.

Sí, ¡estuve muy feliz!  Ya inspirada y con el corazón contento sólo puedo pensar en la última línea del poema de Nervo, que dicta: “¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!”