Autor: Anhelo del Corazón

2016

2016

 

Me preguntaron que me trajo el 2016, y lo primero que me vino a la  mente fue todo lo que perdí en el 2015. Perdí a mi madre. Se me fue de entre las manos con un cáncer avasallador y no lo quise ver. Ni siquiera el mismo día de su muerte, me volví ciega por mi propia voluntad. No vi su dolor, ni su fatiga, ni su falta de apetito o de ganas de vivir.

Perdí a mi pareja. Me cansé de luchar por conservarlo.  Remitió mi  ceguera.  Ahora sí pude ver mi dolor,  mi fatiga,  mi falta de alegría y de ganas de tenerlo a mi lado. Se fue y yo lo deje ir.

Inicié el año con las manos, el corazón y la casa vacíos. Sin rumbo, sin oficio ni beneficio, sin ganas de vivir. Fue ahí, en ese desierto de desolación y oscuridad que empezó mi camino por el 2016. Fui dando pasos, a veces avanzando, a veces retrocediendo.  El miedo, el enojo, el dolor y la negación eran mi equipaje. Lo probé todo, la lógica, libros, terapia, yoga, meditación, ejercicio. Nada podía contra ese vacío interno que como hoyo negro iba devorando hasta la última chispa de luz en mi interior. Y fue entonces que me metí de lleno en el universo femenino, ese de cafés y desayunos, de tardes de compras, de compartir recetas y tarde que temprano confidencias ¡Aprendí tantas cosas!

Que el amor es gratis, que no necesitas esforzarte para ser amado. Lo eres porque sí, o no lo eres, no importa lo que hagas.

Que los errores son la maravillosa manera de la vida de hacerte cambiar de camino, de mirar hacia otros lados, de crecer y aprender.

Que el dolor se acaba y en su lugar pueden quedar cosas tan valiosas como recuerdos, perdones y nuevas alianzas.

Que siempre hay gente hermosa a tu alrededor lista para tenderte la mano, sólo tienes que levantar la mirada.

Que mi vida me pertenece, al igual que mi alegría o mi tristeza y por lo tanto es mi responsabilidad.

Que el amor y la amabilidad empiezan por uno mismo. Quiérete mucho, perdónate todo y sobre todo, aprende la lección.

Que las mujeres somos hermosas, fuente de amor y fuerza inagotable, somos hermanas todas y cada una. Somos la misma.

Eso me trajo el 2016, sabiduría femenina. No me queda más que dar gracias infinitas a mi madre, por no ser perfecta, a mi hermana y mi hija que me han enseñado montones, a mi tía que me cobija con su amor y a todas mis amigas que con su cariño y carrilla me han ayudado a recuperar lo que nunca debí haber perdido, mi identidad.

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Las fronteras del amor

Todos hemos escuchado estas frases tan trilladas:

“El amor no conoce límites ni barreras, el amor lo vence todo y te cura de todos los males, el amor es el motor del mundo”

A mi entender, es verdad que el amor nutre, es vida, es luz. Pero no todo lo que hoy en día llamamos amor lo es en realidad. Existen otras cosas a las que también, por pudor, por ignorancia, por vergüenza, colocamos el mismo nombre. Por ejemplo: el deseo, la pasión, la necesidad, la dependencia, el apego, el miedo a la soledad, la costumbre.

Por supuesto que todas estas cosas tienen cabida en el caleidoscopio de nuestras emociones, pero no hay que cambiarles el nombre o la identidad porque solo nos engañamos a nosotros mismos y nos decepcionamos y culpamos al amor; que ni vela tiene en este entierro.

Yo confieso que he vivido toda mi vida equivocada, pensando que el amor no tiene límites. Ahora sé que no sólo eso no es verdad, sino que esa falsa creencia ha sido la mayor fuente de mis desdichas como mujer.

Las fronteras del amor no son cosas tangibles, como la distancia o la diferencia de culturas o idiomas, o la oposición de las familias, sus límites son terreno de lo incorpóreo, lo espiritual, lo sutil. ¿Cuáles son, me preguntas? La autoestima, la dignidad, la alegría y el respeto son algunas de las que me vienen a la mente, son las que yo perdí en mis fallidos intentos de amar.

¿Qué sucede cuando se cruzan esas fronteras? Quedamos fuera del territorio del amor y entramos a otros dominios, al del abuso, el servilismo, la esclavitud, la violencia física o psicológica o algún otro terruño que te va matando de poco a poco o con rapidez.

Todo esto me confirma lo que dice el viejo adagio, el amor no duele, duele el ego, duele el desamor, duele el desapego. Cuando el amor se ha ido, hay que soltar y crecer. Reencontrarse con uno mismo y llenar la vasija del alma para poder volverlo a intentar. Porque al final es verdad que por amor vale la pena vivir.

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¿Era ella o fuiste tú?

Ya hace casi un año y aún me cuesta trabajo creer que se fue contigo. Apenas he logrado aceptar que no te la has llevado a la fuerza, que no la obligaste. Pero sigo preguntándome cómo lograste convencerla. ¿Qué le prometiste? ¿Qué le faltaba si con nosotros lo tenía todo?

La amábamos. ¿Sabes? A veces más, a veces menos. Yo sé que algunas temporadas la teníamos medio en el olvido, o ella estaba enojada y nos mantenía a distancia, de castigo. Pero así había sido desde que crecimos. Teníamos vidas que vivir, familias que formar, ella misma lo decía, teníamos que volar fuera del nido.

Aunque nunca nos fuimos del todo, incluso creció la familia, le dimos nietos, le llenamos la casa de risas y juegos. Juegos de niños y de adultos. Nos dejamos engañar, manipular, enfrentar los unos contra los otros, como a ella le gustaba. ¿O no? Y ella así nos movía, como piezas de ajedrez. A su gusto o disgusto y lo permitíamos todos, sin amotinarnos, bailando al son de su elección.

En cuanto a papá, ella lo amaba. Desde niña. Se casó tan joven que creo nunca recordaba haber vivido sin él. Él era su todo: su risa, su llanto, su fuerza y su fe. Lo siguió hasta donde él quiso y cuando no lo acompañaba, esperaba, con anhelo. Leía y releía sus cartas, contaba las horas y hasta que él volvía regresaba el latir a su corazón. Festejaron décadas juntos, llegaron a los 50 pero ni uno más ¡Te la llevaste! ¿O se fue contigo?

Teníamos planes, ideas, sueños, casi rituales aún por cumplir. Ella me amaba, a su manera y no sólo a mí. Nos amaba a todos, no por igual, pero qué más da. El amor es amor mientras sea real. Aún así te la llevaste, ¿o se fue contigo? Dejó tanto atrás, amores, tesoros, recuerdos y más.

Adiós madre mía, aquí nadie te olvida aunque te hayas ido por tu propia voluntad. Tu muerte es mi muerte, mi muerta eres tú.

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¡Hola Mami!

¡Hola Mami! ¿Cómo estás? Yo no muy bien.

Cuando recibas esta carta ya te habré dicho por teléfono el porqué. Sabes, últimamente he sentido mucho miedo. Tengo miedo de morir sin haber hecho las cosas que me son importantes en la vida, miedo de vivir sin haber realmente vivido. Me siento de repente tan frágil; por primera vez en la vida me doy cuenta de que puedo no tener un mañana, no despertar y me dan ganas de llorar y también de empezar a gozar el  “primer día del resto de mi vida”. ¿Por qué nos obligamos a hacer tantas cosas que no queremos y nos amargamos los días en vez de disfrutarlos? Tenemos tan poco tiempo sobre esta tierra y aún así nos seguimos haciendo la vida difícil. Nos enojamos, nos hacemos reproches, nos arrepentimos en vez de querernos sinceramente y hacernos los días agradables los unos a los otros como deberíamos.…

Carta a la hermana

Carta a una hermana

Me han pedido que escriba una carta mencionando las cosas que me gustan de ti. Aunque mi reacción fue de contento, nunca imaginé la alegría que sería para mi platicarte lo que me gusta, lo que admiro y lo que envidio de ti.

Eres una mujer de corazón puro y grande. No conoces la malicia ni la envidia, te das entera a quien te necesita, eres generosa con tu tiempo, con tu oído, con tu voz y con todos tus recursos.

Eres integra, has vivido tu vida a tu manera y a tus tiempos sin dejarte guiar por “lo que dicta la sociedad” o lo que tu familia deseábamos para ti.

Eres franca, abierta e incluyente. Aceptas a quien se acerca tal y como es y lo tratas con respeto y consideración.

Eres hermosa, tienes la capacidad de ser feliz siempre y en cualquier circunstancia, con poco o con mucho siempre tienes la sonrisa fácil.

Por todos esos motivos y muchos más que ahora no se me ocurren, eres perfecta.

Gracias hermana por darme esos ejemplos difíciles de seguir pero fáciles de apreciar.

Te quiero siempre

PatyAdan

Anhelo del Corazón

Nacida regia, criada por todo México para servir y complacer, mostró desde pequeña un gran talento para sobrevivir. Refugiada en los libros y en sus fantasías personales, logro llegar a los 20 sin perder toda la razón. Se hizo de hijo y marido a los 24 y ahí cambió la vida por una familia. 22 años, 2 hijos, 2 perros y un gato más tarde, tan solo tras la muerte de su madre, perdió la familia y recuperó la razón y la vida. Ahora se dispone a compartir la pérdida del miedo, de la soledad, de los roles impuestos y de la negación del yo con quien se deje.