19s5

19S +1M +1D

A un mes y un día del 19s diré…

Confieso que tengo empatía con los temblores, quizá tiene algo que ver mi signo zodiacal y el elemento que lo representa. Quién sabe, pero a mí me gustan los terremotos.

Me gusta que ocurran intempestivamente. Siempre inoportunos. Me gusta que el hombre apenas pueda anticiparlos con segundos antes de que se presenten, con toda su fuerza. Y es que así son, no hay manera de predecirlos, simplemente ocurren. Puedes ir caminando por el mundo en un día cotidiano, pensando en el menú de la comida, el gasto, la tarea, el gato y de pronto, ¡zaz! La tierra se sacude.

Me gusta su carácter implacable. No distinguen condición, talla, peso, color, estado de ánimo, no son selectivos en ninguna manera.

Aparecen como un escalofrío de la tierra que a veces sentimos suave y a veces parece advertirnos “agárrense piojos, que ahí les va el peine”.

Los temblores despiertan conciencias, reúnen familias, afloran todo lo bueno y todo lo malo que somos, nos recuerdan que todo es impermanente, nos enseña que en unos cuantos segundos estructuras que parecían sólidas se desmoronan, nos estremece para que revisemos nuestros armazones internos, el sostén de las ideas sobre las que moldeamos nuestra personalidad y nuestro actuar. Son siempre una invitación a tirar al suelo aquello que construimos y que ya no nos funciona en la vida; a reforzar lo que se ha dañado y aún nos importa; a reedificar lo que se nos desmoronó. Los temblores nos convierten en cardumen, donde el colectivo es más importante que el individuo. Desde ahí nos reconstruimos.

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