Razones para un NO

Un día común en la oficina sonó el celular de mi amiga BK, era un ejecutivo bancario de esos que describen rápidamente los servicios o promociones disponibles pretendiendo que los des de alta en ese momento. Al recibir la negativa de BK seguramente porque su protocolo lo indica le preguntó sus razones, y aquí vino la respuesta que me hizo sumar varios puntos a mi admiración por esta mujer: “No necesito una razón, gracias”. Qué manera tan concisa y elegante de cerrar una puerta. Cuánta energía nos podríamos ahorrar si aceptáramos que un NO vale por sí mismo y no tendría por qué requerir argumentos de soporte.

Me considero una apasionada del diálogo, me encanta debatir y escuchar puntos de vista diferentes pero ¿les ha pasado que satanicen uno de sus NO de manera automática? Cuando los interlocutores parecen estar a punto de sacar agua bendita y hacer que la bebas para exorcizarte mientras impiden que emitas palabra alguna porque no pretenden escucharte; cuando no quieren intercambiar ideas para empatizar sino inyectarte las suyas para que recapacites y decidas inscribirte al modelo de vida que ellos tienen y promocionan como un ejecutivo bancario que no admite un NO por respuesta.

A mí sí me ha pasado; me pasa casi siempre que digo que NO quiero tener hijos. De inmediato se hacen presentes la censura, la desacreditación, la adivinación, la imposición, el drama y hasta la oferta de visitas guiadas; si ejemplificáramos todo eso en orden sonaría de la siguiente manera: no digas eso, no sabes lo que dices, en unos años vas a cambiar de opinión, al menos uno debes tener, ¿quién te va a arrimar un vaso de agua cuando seas vieja?, te voy a llevar a que conozcas a tu tía fulanita que ni se casó ni tuvo hijos para que veas qué triste es su vida…

Entiendo la curiosidad que generan las respuestas poco comunes, y en contadas ocasiones esta ha dado como resultado agradables conversaciones, donde los participantes simplemente nos escuchamos y reconocemos; sin embargo lo común es escuchar argumentos en contra. Me sorprende lo difícil que es para muchos entender que hay puntos de vista distintos, y que cada quien es libre de elegir cómo vivir su vida. Parecen incapaces de romper el paradigma y entender que cada cabeza es un mundo, y que por increíble que parezca hay muchos otros mundos.

A mí no me molestan las diferencias de pensamiento, pero he llegado a odiar la inmediatez con que desechan e invalidan mi decisión sobre este tema. Pretender que te conocen lo suficiente como para apostar que vas a cambiar de opinión, tiene una ligera carga de soberbia.

A veces, cuando no me dejan ni hablar me pregunto si desconocen el significado de la palabra decisión porque no han tenido oportunidad de leerlo en los diccionarios o peor aún, porque no han tomado ni ejecutado una sola en conciencia. Ser objeto de las circunstancias nos puede pasar a todos, ¿pero serlo siempre? ¡Eso sí es un ejemplo de tristeza! No la vida de la tía que ni se casó ni tuvo hijos.

La Real Academia Española define la palabra decisión como: “Determinación definitiva adoptada en un asunto” y “Firmeza, seguridad o determinación con que se hace una cosa”.

¡Qué palabra señores! Me parece clara y hermosa, entonces ¿qué hay de inverosímil en una mujer de casi 30 años usándola en una frase? ¿Acaso sólo está bien decidir cosas que se apeguen a la norma? ¿Alguna vez se le ha cuestionado a alguien por qué sí quiere tener hijos?

Cada cabeza es un mundo, y como dueños de ese mundo decidimos qué rostro darle a la felicidad. Diferentes cabezas…diferentes mundos…diferentes rostros de la felicidad.

En mi caso, hace tiempo que vengo dibujando ese rostro, y recorro sus trazos como quien disfruta del camino que lleva a un tesoro.

Espero que después de leer esto puedan entender que simplemente decidí no tener hijos. ¿Razones? Tengo muchas razones, tantas que necesitaría otro artículo para enlistarlas y desmenuzarlas, pero en este sólo quiero cerrar una puerta con elegancia dejando claro que:

No necesito ningunagracias.”

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