Recordé un día.

En estos días, nostalgia y sentimientos extraños.
Estuve revisando unas cajas que estuvieron almacenadas los últimos 5 años.
Encontré álbumes de fotos de los que ahora ya no se usan. Ninguna foto era mía.
Vi en ellas a Roberto en escenarios lejanos como Tailandia, Bangkok, Indonesia.

Hay que conocerlo.
Hay que conocerlo a él y a sus amigos para saber lo entrañable de esos recuerdos. Esos días ya pasaron… hace mucho. Puro pasado.

Me quedó el sentimiento de que esos han sido los mejores días de su vida.
Me quedó la sensación de que no tengo ningún pasado que recordar, ninguno que compartir, ninguna señal de mi vida antes que aquí.
Cerré el último álbum con el sinsabor del alzhéimer en el ánimo.
Me quedé masticando entre pensamiento y corazón aquello que sentía y auto-diagnostiqué tristeza.
Cuando dije en voz alta – Me siento triste – automáticamente recordé la fecha, 09 de mayo.

Mañana la Ciudad estará congestionada de hijos apurados llevando flores y regalos, y ¡Mi madre! ¡Claro!, mi madre y este compromiso renovado por honrar su memoria.

Recordé un día…
Al morir vino mucha gente y familia a la casa, y así estuvo al menos los siguientes días que duró el novenario.
Luego nos fuimos quedando solas. Solas y en silencio.
Unas dos semanas después del novenario entré a su cuarto, abrí la puerta corrediza de su closet, tomé entre mis manos tres de sus vestidos, al azar, y hundí mi cara en ellos. Respiré profundo…

Esa fue la última vez que sentí cerquita su olor.

Lloré.

Respiré.

Luego comencé despacito a guardar la ropa en cajas de cartón.

Mientras escribo, siento lo mismo que en esos días y entonces sé que siempre sí, tengo pasado, sólo que antes de Roberto y Santiago es, mayormente triste.

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