Gisela Fosado

Nací bajo la protección de los cerros, en la Sierra Norte del Estado de Puebla, un día después del aniversario de la Revolución Mexicana, en 1986, a eso de las 11:30 am porque madrugar nunca ha sido lo mío, y dándole una sorpresa a mis padres, quienes me esperaban con ropita azul y pañales de niño porque el ultrasonido había mostrado un par de razones para pensar que el primogénito sería niño.

Tal vez en el último momento mi alma decidió que sería más divertido afrontar los retos de esta vida siendo mujer, así, por el puro gusto. Afortunadamente mis padres también habían pensado en nombres de niña, y no tuvieron que improvisar. El nombre que propuso mi padre (tomado de una de sus hermanas) le ganó a otro, débil y desconocido que tenía pensado mi madre, y me llamaron Gisela.
Crecí en mi pueblito, disfrutando las bellezas de la educación básica y media superior, con concursos de escoltas, talleres de danza, desfiles, y ocasionalmente hasta equipos de fútbol. Elegí estudiar Comercio Internacional en la Universidad Autónoma de mi Estado, convirtiéndome en una controversia entre algunas ideas románticas y la realidad del capitalismo que es la senda que camino.
En resumen, hoy soy una serranita que abraza sus raíces pero mira para todos lados para ver qué aprende. Vivo en una ciudad a la que muchos definen como caótica e insufrible, pero a la que yo entiendo y adoro. Soy analítica siempre y disciplinada con lo que me interesa porque considero que la vida no alcanza para todo. Directa pero diplomática, tirana cuando se requiere, pero siempre a favor de elegir mis batallas y amarrar mis demonios porque detesto los dramas (¡la vida no alcanza!).
Soy independiente, introspectiva, al grado de parecer distante, no me molesta la ciudad, ni el tráfico, siempre cuento conmigo misma para dialogar de cualquier tema y transportarme a donde se me dé la gana. Adentro de mi está mi reino y mi libertad, y eso me permite caminar firme en el exterior, con aires de indiferencia tal vez, contando historias a quien quiera escucharlas pero sin dar explicaciones, porque la vida apenas me alcanza para ser como quiero ser, y lo soy.

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